Capítulo 9
Buscando explicaciones
Ellen Foster:
Busqué a Sarah por toda la sala: la
música estaba alta, la gente hablaba a voces. El olor a comida invadía el lugar
y yo solo era capaz de pensar en lo que acababa de suceder. Prácticamente por
suerte, localicé a Sarah en medio de aquella multitud, con ese precioso vestido
azul. La vi junto al chico de antes, charlando en una de las mesas.
Mis ojos llegaron al pasillo que
había en lo alto de unas escaleras, por donde se salía a la entrada. Caminé
hacia allí y salí de aquella mansión. Dejé atrás a Sarah y a su acompañante, a
los cuadros de los pasillos, a la fuente del chocolate, al balcón de las
estrellas y al chico que hacía unos días creía egocéntrico y superficial.
Avancé rápido hasta llegar a la
calle, cogí el móvil y seleccioné el nombre de “Sarah”. Sonó el clásico pitido
de "conectando" y, al final, aceptó la llamada.
-¿Hola? -Dije.
-¿Ellen? ¿Me oyes?
-Sí.
-¿Qué pasa? -Me preguntó preocupada.
-Me he salido ya de la fiesta... Me voy
a casa.
-¡Pero si está como a una hora
andando!
-No importa.
-¡Al menos pide un taxi! ¡No quiero
que camines sola por la calle y a esta horas!
-Tranquila,
voy a llamar a mi padre. Iré hablando con él. -No me respondió a esa afirmación,
sino que se dedicó a cambiar de tema a algo que, probablemente, llevaba un rato
rondándole la cabeza.
-¿Dónde
estabas? Has desaparecido toda la noche. -En ese momento, recordé de golpe todo
lo que había ocurrido y me sonrojé completamente.
-Es... una larga historia.
-¿Quieres que me vaya contigo?
-No, tranquila. Pero... se me ha
olvidado mi chaqueta. Debe estar cerca de la fuente del chocolate. ¿Te
importaría cogérmela?
-Claro que no. Creo que la estoy
viendo ahora mismo.
-Vale, gracias. -Nos quedamos en
silencio unos momentos. Me percaté de que los zapatos comenzaban a rozarme los
pies, me agaché y me los quité. No pasaba nada por caminar descalza un rato,
¿no? -Y... Sarah, una cosa más.
-¿Qué?
-¿Podrías no decirle a Aaron Russel
mi nombre? Y que tu… amigo tampoco se lo diga.
-Eh... ¿vale? ¿Por qué?
-Ya te lo contaré.
-Ok.
-Bueno, te cuelgo, que tengo que
caminar mucho.
-Adiós. Ve mandándome mensajes para
ver por dónde vas. Y si sientes que alguien te persigue, entra a un sitio
concurrido y llámame, ¿entendido?
-Sí, sí. -Sonreí. Siempre se preocupa
demasiado. -Pásalo bien. -Dije antes de colgar.
Saqué mis auriculares (esos típicos
que te vienen con la compra del móvil, que suelen ser extremadamente incómodos,
pero los usas porque, después de todo, algo es algo). Los conecté y le di al
play: Weight of My Mistakes, de
Seal. Suspiré. Tenía un largo camino por delante.
Sarah Driver:
Mientras cogía la chaqueta de Ellen no
podía dejar de pensar en lo que me había dicho. ¿Había pasado algo con Aaron?
Por Dios, eso es prácticamente imposible... o eso creo. Y cuando la tuve en mi
mano, el chico apareció atravesando un pasillo que había cerca de las sillas. Pareció
buscar alguien con la mirada por toda la tarde. Pareció decepcionarse al no
encontrar lo que buscaba. Pero, al verme, abrió los ojos como platos y se
acercó corriendo, nervioso.
-¡Sarah!
-¿Qué ha pasado, Aaron? -Él negó con
la cabeza, restándole importancia.
-¿Dónde está? -Preguntó
refiriéndose a mi mejor amiga.
-En la calle. Se ha ido. -En cuanto
dije eso, él puso una cara de horror y prácticamente se desplomó en una de las
sillas que había a su lado. Se quedó mirando la fuente de chocolate.
-Eh... ¿estás bien? -Pregunté. Era
muy, muy, muy raro verlo así.
-Creo que no. -Dijo en medio de
suspiros.
-En serio, ¿qué ha pasado? -Me agaché
junto a él.
-Ni yo lo sé.
-¡Venga ya! -Ellen había salido
corriendo y no quería decirle su nombre es este chico. ¡Había ocurrido
algo!
-Pfff... -Me miró de repente con algo
de esperanza. -¿Cómo se llama? -Lo miré con tristeza.
-Me ha dicho que no te lo diga.
-Agh... Se me ha adelantado... Y
supongo que le habrás dicho a Cameron que tampoco me lo diga, ¿no? -Asentí. -¿Y
no me lo puedes decir? -Negué con la cabeza.
-Si me ha dicho que no te lo diga, no
puedo hacer nada, Aaron. Será por algo.
-Ah... ¿Podrías decirle que la
encontraré? ¿Al menos? -¿Que la encontraría? ¿Por qué quería el chico más
popular del instituto encontrar a la chica menos popular de este? Parecía algo
sobrenatural. Una historia cliché de una novela juvenil romántica.
-Si no me queda de otra, se lo diré.
Pero te deseo mucha suerte. Si la has espantado de esta manera no se va a dejar
encontrar fácilmente. Y debe de haber unas... ¿cien chicas? En nuestro curso.
-Bueno, con eso me confirmas al menos
que va a nuestro instituto y a nuestro mismo curso. -Dijo sonriendo.
Ah... Ellen, ¿puede saberse en qué te
has metido? Si quería vivir un cuento de hadas basado en Cenicienta, podría al
menos haber dejado un zapato, ¿no? Con su talla de pie, tranquilamente podrían
encontrarla.
-¿Te vale si te digo que tiene una
talla de pie del 34? -Aaron se quedó mirándome, primero con duda. Después, en cuanto
se le conectaron las neuronas, puso cara de póquer.
-Muy graciosa. -El sarcasmo le salía
con cada palabra. -Espera... ¿Sus pies son tan pequeños? ¡Entonces no es mala
idea! -Respondió pensativo. -No, mejor no... ¿O sí?
De verdad, Ellen, ¿qué ha pasado?
Ellen Foster:
<<Ya he llegado a casa>>. Le escribí a
Sarah en un mensaje. Pensaba que tardaría mucho más, pero al final solo fueron
unos cuarenta minutos.
Dejé los zapatos en la entrada y
encendí la luz del pasillo. ¿Mi padre aún no había llegado a casa? Observé la
hora en el reloj que había sobre una estantería, repleta de libros. Era tarde:
las dos menos veinte. Marqué su número en el teléfono de casa.
-¿Ellen? ¡Feliz Navidad! -Exclamó mi
padre en cuanto cogió el teléfono.
-Igualmente -Sonreí. -¿Cómo
estás?
-Cansado. Voy en coche. Llegaré a
casa... en un cuarto de hora; o algo así. ¿Tú cómo te lo has pasado? -Me
preguntó antes de bostezar.
-Bien... supongo. También cansada…
-Normal. Es la primera vez que vas a una
de esas... Fiestas, ¿no?
-Ajá. Ha sido muy extraño. ¿Por qué
la gente va? ¡El ambiente es incómodo!, agobiante y la idea es, sencillamente, ¡patética!
-Pues nada ya sabes… La juventud de
hoy en día… Mañana estamos los dos de vacaciones. A descansar en casa. -Dijo
riendo. -¿Has cenado ya?
-Sí. Bueno, no sé si lo que he comido
podría llamarse cena, pero no tengo hambre. ¿Y tú?
-En una cena de la empresa.
-Perfecto. Pues nada. Me voy a dar
una ducha. Bye bye.
-Hasta ahora.
Dejé el teléfono en su sitio y
suspiré. Dios mío. ¿Eran así todas las fiestas? Había sido divertido, pero solo
por la compañía. Bueno, quiero decir... Depende de cómo lo mires. Si me
hubieran dicho que mi primera fiesta iba en pack con mi primer beso, estaba del
todo segura de que no habría venido. Pero bueno, la historia tiene moraleja: no
juzgues a un libro por su portada.
Aquello iba a ser difícil olvidarlo.
Y... ¿qué haré cuando terminen las vacaciones, vuelva al instituto y lo vea por
el pasillo, en la cafetería o en cualquier otro lado? Aquello no sería
simplemente una pesadilla... Era algo mucho más real que eso...
***
La cafetería a la que Sarah y yo
fuimos dos días después de la fiesta, había abierto hace poco. Estaba por el
barrio, cerca de la tienda del chocolate, y era muy bonita. En ese momento
tenía aún las decoraciones navideñas, lo que la hacía ver todavía más colorida.
Y, bueno, el chocolate caliente de aquel sitio estaba delicioso.
Sarah y yo nos sentamos en una mesa
que había en una esquina, con un par de sillas y un sillón en frente, al lado
del gran cristal que podía llamarse escaparate o ventana, depende de cómo lo
mires. Cuando llegó nuestro pedido (un café, un croissant y un chocolate
caliente) ella le pegó un bocado a su comida y decidió hablar.
-Bueno, he venido aquí buscando
explicaciones.
-¡Has elegido un buen lugar! Me
encanta el chocolate caliente.
-¿Qué pasó en la fiesta con Aaron Russel?
-Ah... y se está calentito aquí.
Fuera parece incluso que va a llover.
-¡Ellen! Respóndeme. -Suspiré y la
miré.
-Ah... ¿De verdad te interesa? No es
muy interesante que se diga esta historia.
-Oh, sí que lo es si los personajes
principales sois Aaron Russel y tú.
-Dios mío... -Dije poniendo los ojos
en blanco. Suspiré por trigésimo cuarta vez y comencé. -Cuando empezó la
fiesta, me acerqué a la fuente del chocolate. Comí un poco y saqué un libro.
Después de leer un rato, Amber Owens me interrumpió preguntando por Aaron. Y me
percaté de que estaba a tres sillas de mí, justo detrás de la fuente del
chocolate. Le dije que no lo había visto y se fue. Él y yo comenzamos a hablar
y, cuando cambiaron la música buena a la típica que te hiere los oídos, me
invitó a abandonar la sala.
-Ya... Pusieron un par de canciones y
luego pusieron de nuevo música normal...
-Pues menos mal. Temo en qué se
convertirá el arte futuro... Bueno, el caso es que fuimos a un balcón y
hablamos de todo. ¿Sabes qué? No era el tipo de persona que imaginaba que era
en un principio. Es mucho más... amable y sensato.
-Madre mía. No sabía que eras capaz
de hablar con alguien de esa manera. Y no sabía que eras capa de cambiar tu
opinión de alguien de la noche a la mañana. Esto es nuevo. -Dijo satisfecha con
el cambio.
-A ver, tampoco sé cuánto tiempo
hablamos. Mucho rato. -Respondí.
-Desde luego. Desapareciste sobre las
diez y te fuiste más tarde de las doce. Pero... Aún no entiendo una cosa...
-Dijo mientras le echaba dos cucharadas de azúcar a su café. -¿Por qué saliste
tan rápido? -Repentinamente, puso un rostro algo sombrío. -¿Dijo algo que te molestó?
-No, no, para nada. -Respondí con
énfasis para tranquilizarla. Pero pronto me replanteé la pregunta. Y sentí que
toda la sangre se me subía a la cabeza.
-¿Ellen? ¿Tienes fiebre? Estás muy
roja.
-Tranquila, me encuentro bien. -No
puedo creer que me sonrojara con solo pensar en aquello. Parecía una
adolescente enamorada... ¡Pero no lo era! ¡Por Dios, no lo era!
-Bueno, ¿qué pasó?
-Preferiría olvidarlo. -El rostro
sombrío de Sarah volvió a aparecer, pero esta vez se levantó de la silla con el
móvil en la mano, mientras marcaba un número de teléfono.
-Lo voy a llamar.
-Sarah, no, no lo hagas, por favor.
-Respondí. ¿Sarah tiene su número de teléfono?
-¿Entonces? ¿Me lo vas a decir?
-Guardó su móvil y se volvió a sentar en el sofá granate.
-Ah... Pues me besó. -Dije por fin.
Volví a sentir que mi rostro se puso colorado, por lo que apoyé los codos en la
mesa y miré hacia abajo, evitando completamente ver la expresión de Sarah al
saber la respuesta. Aunque, de todas formas, no hizo falta ver nada para saber qué
cara pondría. Primero vino la muestra de sorpresa:
-¿¡QUÉ!? -Después, dio una hipótesis.
-¡¿No lo habrás soñado?! -La desmintió... -Imposible, no eres el tipo de
persona que soñaría eso. -Finalmente, trató de dar otra hipótesis, aunque esta
vez más perpleja que antes. -¿Se habrá enamorado? -Eso solo ayudó a que no
recuperara mi color natural y a que mi corazón comenzara a latir más rápido que
nunca.
-No, no, no, no. Imposible.
-Respondí. -A lo mejor sólo se dejó llevar o algo parecido. Es imposible que eso
pasara. No, no, no. ¡Solo hablamos por un rato! ¿No me digas que es ese tipo de
persona? ¿Que va a por cualquiera?
-No, no lo es. ¡Pero, bueno! ¡Podría
enamorarse de ti! Fácilmente. La mayoría de las chicas que él ha conocido son
estúpidas. Y tú eres algo completamente distinto a eso. Si le has parecido la
más guapa de la sala, o ha visto que teníais gustos parecidos, tranquilamente.
Por lo menos querrá conocerte. -Respondió tratando de encontrarle una
respuesta.
-Ja, pues le deseo suerte.
-Eso mismo le dije yo. ¿Por qué no le
dijiste tu nombre? -Me preguntó.
-Lo he pensado mucho. Sinceramente,
no tengo ni idea. Pero ahora me alegro. Aaron es una persona popular (por no
llamarle el más popular). Y yo
soy la chica rarita que come en la biblioteca y siempre tiene sus ojos entre
páginas de libros. -Dije suspirando. -¿Cuál crees que sería su reacción al
saber quién soy realmente? -Sarah se quedó callada un rato.
-Ellen, él ya sabe cómo eres... Bueno,
más o menos. -Respondió. La miré con curiosidad. ¿A qué se refería? -Apuesto
que su opinión sobre ti es la de "una chica interesante, divertida y
simpática". Y si no te comportaste así, dime tú cómo. Así eres tú. Además,
si él se ha interesado por eso, también se ha interesado por la chica rarita
que come en la biblioteca. ¿No? Así que deja de lamentarte. -La miré como si lo
que estuviera diciendo fuera tanto una locura como una estupidez.
-Además, me dijo que te encontraría.
-Añadió. -No puedes esconderte.
-No se lo pienso decir. -Sarah me
miró fijamente, con un rostro estático. Después suspiró. -La gente no me
conoce. Y si lo hicieran porque de repente me he vuelto amiga de Aaron, toda la
falta de reputación en la que he trabajado se iría al garete. La gente
comenzaría a conocerme de esa manera en vez de por "Ellen" y comenzarían
entonces los prejuicios y rumores. Cosa que adoraría evitar.
-Dios mío... -Dijo Sarah. -Ah... Pero
de todas formas, me sorprendes. Has dado tu primer beso antes que yo. -Dijo
elevando sus hombros.
-¿Qué tal con…? ¿Cómo se llamaba? ¿Cameron?
-Pregunté repentinamente. Ella se puso roja de golpe. ¿Estaría pensando en él?
-Genial... -Dijo antes de callarse y
adentrarse en un largo y pesado silencio, lleno de pensamientos ocultos por la música,
parecida al jazz, que sonaba de fondo en aquella cafetería.
Adoraría saber si a ella le pasó algo
especial. Y aún teníamos toda la tarde. La observé.
-¿Y bien? -Suspiró, cogió aire y
comenzó a contarme su tiempo en la fiesta. Sonreí. Aquello iba para largo.
¿Aaron se
habrá enamorado de verdad? ¿Sentirá interés?
¡Lo sabrás en
el próximo capítulo!
…
Era broma... ¿O no?
¡MUAJAJAJA!
No me odies,
por favor.

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