sábado, 17 de agosto de 2019

Sabor a chocolate - Capítulo 9



Capítulo 9
Buscando explicaciones

Ellen Foster:
Busqué a Sarah por toda la sala: la música estaba alta, la gente hablaba a voces. El olor a comida invadía el lugar y yo solo era capaz de pensar en lo que acababa de suceder. Prácticamente por suerte, localicé a Sarah en medio de aquella multitud, con ese precioso vestido azul. La vi junto al chico de antes, charlando en una de las mesas.  
Mis ojos llegaron al pasillo que había en lo alto de unas escaleras, por donde se salía a la entrada. Caminé hacia allí y salí de aquella mansión. Dejé atrás a Sarah y a su acompañante, a los cuadros de los pasillos, a la fuente del chocolate, al balcón de las estrellas y al chico que hacía unos días creía egocéntrico y superficial. 
Avancé rápido hasta llegar a la calle, cogí el móvil y seleccioné el nombre de “Sarah”. Sonó el clásico pitido de "conectando" y, al final, aceptó la llamada.
-¿Hola? -Dije.
-¿Ellen? ¿Me oyes?
-Sí.
-¿Qué pasa? -Me preguntó preocupada.
-Me he salido ya de la fiesta... Me voy a casa.
-¡Pero si está como a una hora andando!
-No importa. 
-¡Al menos pide un taxi! ¡No quiero que camines sola por la calle y a esta horas!
-Tranquila, voy a llamar a mi padre. Iré hablando con él. -No me respondió a esa afirmación, sino que se dedicó a cambiar de tema a algo que, probablemente, llevaba un rato rondándole la cabeza.
-¿Dónde estabas? Has desaparecido toda la noche. -En ese momento, recordé de golpe todo lo que había ocurrido y me sonrojé completamente. 
-Es... una larga historia.
-¿Quieres que me vaya contigo? 
-No, tranquila. Pero... se me ha olvidado mi chaqueta. Debe estar cerca de la fuente del chocolate. ¿Te importaría cogérmela?
-Claro que no. Creo que la estoy viendo ahora mismo. 
-Vale, gracias. -Nos quedamos en silencio unos momentos. Me percaté de que los zapatos comenzaban a rozarme los pies, me agaché y me los quité. No pasaba nada por caminar descalza un rato, ¿no? -Y... Sarah, una cosa más. 
-¿Qué?
-¿Podrías no decirle a Aaron Russel mi nombre? Y que tu… amigo tampoco se lo diga. 
-Eh... ¿vale? ¿Por qué?
-Ya te lo contaré.
-Ok.
-Bueno, te cuelgo, que tengo que caminar mucho.
-Adiós. Ve mandándome mensajes para ver por dónde vas. Y si sientes que alguien te persigue, entra a un sitio concurrido y llámame, ¿entendido? 
-Sí, sí. -Sonreí. Siempre se preocupa demasiado. -Pásalo bien. -Dije antes de colgar.
Saqué mis auriculares (esos típicos que te vienen con la compra del móvil, que suelen ser extremadamente incómodos, pero los usas porque, después de todo, algo es algo). Los conecté y le di al play: Weight of My Mistakes, de Seal. Suspiré. Tenía un largo camino por delante.

Sarah Driver:
Mientras cogía la chaqueta de Ellen no podía dejar de pensar en lo que me había dicho. ¿Había pasado algo con Aaron? Por Dios, eso es prácticamente imposible... o eso creo. Y cuando la tuve en mi mano, el chico apareció atravesando un pasillo que había cerca de las sillas. Pareció buscar alguien con la mirada por toda la tarde. Pareció decepcionarse al no encontrar lo que buscaba. Pero, al verme, abrió los ojos como platos y se acercó corriendo, nervioso. 
-¡Sarah!
-¿Qué ha pasado, Aaron? -Él negó con la cabeza, restándole importancia.
-¿Dónde está? -Preguntó refiriéndose a mi mejor amiga.
-En la calle. Se ha ido. -En cuanto dije eso, él puso una cara de horror y prácticamente se desplomó en una de las sillas que había a su lado. Se quedó mirando la fuente de chocolate.
-Eh... ¿estás bien? -Pregunté. Era muy, muy, muy raro verlo así.
-Creo que no. -Dijo en medio de suspiros.
-En serio, ¿qué ha pasado? -Me agaché junto a él.
-Ni yo lo sé. 
-¡Venga ya! -Ellen había salido corriendo y no quería decirle su nombre es este chico. ¡Había ocurrido algo!
-Pfff... -Me miró de repente con algo de esperanza. -¿Cómo se llama? -Lo miré con tristeza.
-Me ha dicho que no te lo diga.
-Agh... Se me ha adelantado... Y supongo que le habrás dicho a Cameron que tampoco me lo diga, ¿no? -Asentí. -¿Y no me lo puedes decir? -Negué con la cabeza.
-Si me ha dicho que no te lo diga, no puedo hacer nada, Aaron. Será por algo.
-Ah... ¿Podrías decirle que la encontraré? ¿Al menos? -¿Que la encontraría? ¿Por qué quería el chico más popular del instituto encontrar a la chica menos popular de este? Parecía algo sobrenatural. Una historia cliché de una novela juvenil romántica. 
-Si no me queda de otra, se lo diré. Pero te deseo mucha suerte. Si la has espantado de esta manera no se va a dejar encontrar fácilmente. Y debe de haber unas... ¿cien chicas? En nuestro curso.
-Bueno, con eso me confirmas al menos que va a nuestro instituto y a nuestro mismo curso. -Dijo sonriendo. 
Ah... Ellen, ¿puede saberse en qué te has metido? Si quería vivir un cuento de hadas basado en Cenicienta, podría al menos haber dejado un zapato, ¿no? Con su talla de pie, tranquilamente podrían encontrarla.
-¿Te vale si te digo que tiene una talla de pie del 34? -Aaron se quedó mirándome, primero con duda. Después, en cuanto se le conectaron las neuronas, puso cara de póquer.
-Muy graciosa. -El sarcasmo le salía con cada palabra. -Espera... ¿Sus pies son tan pequeños? ¡Entonces no es mala idea! -Respondió pensativo. -No, mejor no... ¿O sí? 
De verdad, Ellen, ¿qué ha pasado?

Ellen Foster:
<<Ya he llegado a casa>>. Le escribí a Sarah en un mensaje. Pensaba que tardaría mucho más, pero al final solo fueron unos cuarenta minutos. 
Dejé los zapatos en la entrada y encendí la luz del pasillo. ¿Mi padre aún no había llegado a casa? Observé la hora en el reloj que había sobre una estantería, repleta de libros. Era tarde: las dos menos veinte. Marqué su número en el teléfono de casa.
-¿Ellen? ¡Feliz Navidad! -Exclamó mi padre en cuanto cogió el teléfono. 
-Igualmente -Sonreí. -¿Cómo estás? 
-Cansado. Voy en coche. Llegaré a casa... en un cuarto de hora; o algo así. ¿Tú cómo te lo has pasado? -Me preguntó antes de bostezar.
-Bien... supongo. También cansada…
-Normal. Es la primera vez que vas a una de esas... Fiestas, ¿no?
-Ajá. Ha sido muy extraño. ¿Por qué la gente va? ¡El ambiente es incómodo!, agobiante y la idea es, sencillamente, ¡patética!
-Pues nada ya sabes… La juventud de hoy en día… Mañana estamos los dos de vacaciones. A descansar en casa. -Dijo riendo. -¿Has cenado ya? 
-Sí. Bueno, no sé si lo que he comido podría llamarse cena, pero no tengo hambre. ¿Y tú?
-En una cena de la empresa. 
-Perfecto. Pues nada. Me voy a dar una ducha. Bye bye.
-Hasta ahora.   
Dejé el teléfono en su sitio y suspiré. Dios mío. ¿Eran así todas las fiestas? Había sido divertido, pero solo por la compañía. Bueno, quiero decir... Depende de cómo lo mires. Si me hubieran dicho que mi primera fiesta iba en pack con mi primer beso, estaba del todo segura de que no habría venido. Pero bueno, la historia tiene moraleja: no juzgues a un libro por su portada.
Aquello iba a ser difícil olvidarlo. Y... ¿qué haré cuando terminen las vacaciones, vuelva al instituto y lo vea por el pasillo, en la cafetería o en cualquier otro lado? Aquello no sería simplemente una pesadilla... Era algo mucho más real que eso...

***

La cafetería a la que Sarah y yo fuimos dos días después de la fiesta, había abierto hace poco. Estaba por el barrio, cerca de la tienda del chocolate, y era muy bonita. En ese momento tenía aún las decoraciones navideñas, lo que la hacía ver todavía más colorida. Y, bueno, el chocolate caliente de aquel sitio estaba delicioso. 
Sarah y yo nos sentamos en una mesa que había en una esquina, con un par de sillas y un sillón en frente, al lado del gran cristal que podía llamarse escaparate o ventana, depende de cómo lo mires. Cuando llegó nuestro pedido (un café, un croissant y un chocolate caliente) ella le pegó un bocado a su comida y decidió hablar.
-Bueno, he venido aquí buscando explicaciones.
-¡Has elegido un buen lugar! Me encanta el chocolate caliente.
-¿Qué pasó en la fiesta con Aaron Russel?
-Ah... y se está calentito aquí. Fuera parece incluso que va a llover.
-¡Ellen! Respóndeme. -Suspiré y la miré. 
-Ah... ¿De verdad te interesa? No es muy interesante que se diga esta historia.
-Oh, sí que lo es si los personajes principales sois Aaron Russel y tú.
-Dios mío... -Dije poniendo los ojos en blanco. Suspiré por trigésimo cuarta vez y comencé. -Cuando empezó la fiesta, me acerqué a la fuente del chocolate. Comí un poco y saqué un libro. Después de leer un rato, Amber Owens me interrumpió preguntando por Aaron. Y me percaté de que estaba a tres sillas de mí, justo detrás de la fuente del chocolate. Le dije que no lo había visto y se fue. Él y yo comenzamos a hablar y, cuando cambiaron la música buena a la típica que te hiere los oídos, me invitó a abandonar la sala. 
-Ya... Pusieron un par de canciones y luego pusieron de nuevo música normal...
-Pues menos mal. Temo en qué se convertirá el arte futuro... Bueno, el caso es que fuimos a un balcón y hablamos de todo. ¿Sabes qué? No era el tipo de persona que imaginaba que era en un principio. Es mucho más... amable y sensato. 
-Madre mía. No sabía que eras capaz de hablar con alguien de esa manera. Y no sabía que eras capa de cambiar tu opinión de alguien de la noche a la mañana. Esto es nuevo. -Dijo satisfecha con el cambio.  
-A ver, tampoco sé cuánto tiempo hablamos. Mucho rato. -Respondí.
-Desde luego. Desapareciste sobre las diez y te fuiste más tarde de las doce. Pero... Aún no entiendo una cosa... -Dijo mientras le echaba dos cucharadas de azúcar a su café. -¿Por qué saliste tan rápido? -Repentinamente, puso un rostro algo sombrío. -¿Dijo algo que te molestó? 
-No, no, para nada. -Respondí con énfasis para tranquilizarla. Pero pronto me replanteé la pregunta. Y sentí que toda la sangre se me subía a la cabeza.
-¿Ellen? ¿Tienes fiebre? Estás muy roja. 
-Tranquila, me encuentro bien. -No puedo creer que me sonrojara con solo pensar en aquello. Parecía una adolescente enamorada... ¡Pero no lo era! ¡Por Dios, no lo era!
-Bueno, ¿qué pasó?
-Preferiría olvidarlo. -El rostro sombrío de Sarah volvió a aparecer, pero esta vez se levantó de la silla con el móvil en la mano, mientras marcaba un número de teléfono.
-Lo voy a llamar. 
-Sarah, no, no lo hagas, por favor. -Respondí. ¿Sarah tiene su número de teléfono?
-¿Entonces? ¿Me lo vas a decir? -Guardó su móvil y se volvió a sentar en el sofá granate.
-Ah... Pues me besó. -Dije por fin. Volví a sentir que mi rostro se puso colorado, por lo que apoyé los codos en la mesa y miré hacia abajo, evitando completamente ver la expresión de Sarah al saber la respuesta. Aunque, de todas formas, no hizo falta ver nada para saber qué cara pondría. Primero vino la muestra de sorpresa:
-¿¡QUÉ!? -Después, dio una hipótesis. -¡¿No lo habrás soñado?! -La desmintió... -Imposible, no eres el tipo de persona que soñaría eso. -Finalmente, trató de dar otra hipótesis, aunque esta vez más perpleja que antes. -¿Se habrá enamorado? -Eso solo ayudó a que no recuperara mi color natural y a que mi corazón comenzara a latir más rápido que nunca.
-No, no, no, no. Imposible. -Respondí. -A lo mejor sólo se dejó llevar o algo parecido. Es imposible que eso pasara. No, no, no. ¡Solo hablamos por un rato! ¿No me digas que es ese tipo de persona? ¿Que va a por cualquiera?
-No, no lo es. ¡Pero, bueno! ¡Podría enamorarse de ti! Fácilmente. La mayoría de las chicas que él ha conocido son estúpidas. Y tú eres algo completamente distinto a eso. Si le has parecido la más guapa de la sala, o ha visto que teníais gustos parecidos, tranquilamente. Por lo menos querrá conocerte. -Respondió tratando de encontrarle una respuesta.
-Ja, pues le deseo suerte.
-Eso mismo le dije yo. ¿Por qué no le dijiste tu nombre? -Me preguntó. 
-Lo he pensado mucho. Sinceramente, no tengo ni idea. Pero ahora me alegro. Aaron es una persona popular (por no llamarle el más popular). Y yo soy la chica rarita que come en la biblioteca y siempre tiene sus ojos entre páginas de libros. -Dije suspirando. -¿Cuál crees que sería su reacción al saber quién soy realmente? -Sarah se quedó callada un rato. 
-Ellen, él ya sabe cómo eres... Bueno, más o menos. -Respondió. La miré con curiosidad. ¿A qué se refería? -Apuesto que su opinión sobre ti es la de "una chica interesante, divertida y simpática". Y si no te comportaste así, dime tú cómo. Así eres tú. Además, si él se ha interesado por eso, también se ha interesado por la chica rarita que come en la biblioteca. ¿No? Así que deja de lamentarte. -La miré como si lo que estuviera diciendo fuera tanto una locura como una estupidez.
-Además, me dijo que te encontraría. -Añadió. -No puedes esconderte.
-No se lo pienso decir. -Sarah me miró fijamente, con un rostro estático. Después suspiró. -La gente no me conoce. Y si lo hicieran porque de repente me he vuelto amiga de Aaron, toda la falta de reputación en la que he trabajado se iría al garete. La gente comenzaría a conocerme de esa manera en vez de por "Ellen" y comenzarían entonces los prejuicios y rumores. Cosa que adoraría evitar.
-Dios mío... -Dijo Sarah. -Ah... Pero de todas formas, me sorprendes. Has dado tu primer beso antes que yo. -Dijo elevando sus hombros. 
-¿Qué tal con…? ¿Cómo se llamaba? ¿Cameron? -Pregunté repentinamente. Ella se puso roja de golpe. ¿Estaría pensando en él?
-Genial... -Dijo antes de callarse y adentrarse en un largo y pesado silencio, lleno de pensamientos ocultos por la música, parecida al jazz, que sonaba de fondo en aquella cafetería.
Adoraría saber si a ella le pasó algo especial. Y aún teníamos toda la tarde. La observé.

-¿Y bien? -Suspiró, cogió aire y comenzó a contarme su tiempo en la fiesta. Sonreí. Aquello iba para largo.
   Continuará...

¿Aaron se habrá enamorado de verdad? ¿Sentirá interés?
¡Lo sabrás en el próximo capítulo!


Era broma... ¿O no?
¡MUAJAJAJA!
No me odies, por favor.






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