Capítulo 3
Aaron Russel
Aaron Russel:
La gente dice a menudo que el aspecto no lo es todo, ¿no? Pero cuando entré en la secundaria me percaté de que aquella frase que tanto nos enseñaban de pequeños era lo más parecido a una mentira que me habían contado en la vida. La gente se acerca a mí como moscas. Y realmente, ¡la mayoría de ellos no tienen cerebro! ¡Por Dios!
Los "atractivos" van al equipo de fútbol en picado. ¡Yo odio el fútbol! ¿Qué hago metido entre esa gente? ¡Ni yo lo sé! ¡Sólo sé que adoro la fotografía! ¡Y desde un principio yo quería apuntarme al club de periodismo!
-Ahh... -Dije entre suspiros. Me moría de ganas de que terminara el instituto. Y de que el fútbol desapareciera de aquel mundo. Ben estaba en el asiento frente al mío. Estaba leyendo un libro mientras nos miraba a Cameron y a mí de reojo. Este otro hablaba como un loro de temas sin importancia. Estas dos personas (si es que así se les puede llamar) son mis amigos de la infancia. Todo el mundo debería sentir compasión por mí. Es un hecho deprimente.
-¿Qué ocurre, Aaron? -Preguntó Cameron. -No dejas de suspirar. Si es por lo del equipo de fútbol, no te lamentes. ¡Termina siendo divertido! Ya sé que fue el entrenador el que te arrastró a eso, pero...
-Cameron, claro que para ti es divertido. Te gusta tanto que hasta eres el capitán. ¡Y eres solo el portero!
-Me sigo preguntando cómo es posible que juegues así al futbol con tu estatura. -Dijo Ben.
-Oye, que me he esforzado mucho. -Respondió Cameron. A veces se llevan como el perro y el gato.
-No discutáis. En el fondo os queréis. -Dije con burla. Ellos me fulminaron con la mirada. Pero, finalmente, Cameron decidió cambiar de tema.
-¿Habéis visto el cartel de Amber? Hará una fiesta de Navidad en su casa. ¿Vamos juntos? -Puse los ojos en blanco.
-Esa chica está loca.
-Sí. -Añadió Ben. -Loca por ti. Pero es guapa. Podrías salir con ella si quisieras, Aaron.
-Pfff. ¡Jajaajaj! -Exclamó Cameron estallando en carcajadas. - ¿Aaron saliendo con alguien? ¡Lo nunca visto!
-Y menos con esa. -Añadí. -Tiene la cabeza llena de aire. O quizá ni siquiera tiene aire ahí dentro...
-Bueno, ¿y por qué no vamos a la fiesta? -Preguntó Cameron. -Quizá entre máscara y máscara encontráis a vuestra alma gemela.
-Eso lo dices porque le has preguntado a Sarah si iría con alguien. Y le has dicho que la encontrarías. Y no quieres ir solo.
-Hablando del Rey de Roma... -Dije. Sarah se acercó a nosotros.
-Hola. -Dijo al llegar donde estábamos.
-Hola. - Respondió Cameron tímidamente. Este chico se vuelve otro cuando la ve. Sasuke solo asintió con la cabeza.
-Benjamin, me ha dicho el presidente que te pregunte por los papeles del segundo trimestre. Necesito hacer fotocopias para todos los profesores.
-Ah. Los tengo en clase. Ahora vuelvo. -Dijo dirigiéndose a nosotros. -¿Nos vemos en la cafetería?
-Vale. -Respondí. Y salió de nuestra clase con Sarah. Aquel año, a Cameron y a mí nos había tocado en una clase distinta a la suya. Pero no se le veía muy deprimido por ello.
Cameron me miró.
-¿Vamos yendo? Tengo hambre. -Dijo sacando su dinero de un bolsillo de su mochila. Su asiento estaba al lado del mío.
-Iré a la fiesta si me invitas a comer. -Le dije. Él suspiró.
-Trato hecho...
-¡Bien! -Exclamé levantándome.
Recorrimos el pasillo. Sentí algunas miradas en mí. Y muchas sonrisas de felicidad al verme. ¿Qué les pasa a las chicas de aquel instituto? Al parecer no solo Amber Owens tiene la cabeza llena de aire.
La cafetería estaba llena de gente. Pero me alegré al ver que aún había varias mesas vacías.
-¡Oh! ¡Albert y Hans! -Dijo Cameron dirigiéndose a los dos estudiantes alemanes que habían venido de intercambio. -¿Podemos sentarnos aquí? -Preguntó despacio para que le entendieran bien.
-Sí. -Respondió Hans con una sonrisa. Ellos ya tenían su comida. Y a mí me gruñeron las tripas.
-Hey. Vamos a por la comida. -Le dije a mi compañero.
-Ah. Es cierto. Se me olvidaba. ¿Os importa guardarnos el sitio? -Dijo en inglés, la lengua más dominante de aquellos extranjeros. Albert asintió.
-Gracias. -Añadí antes de dirigirnos a la cola.
-¿Qué crees que habrá de comer? -Le dije a Cameron.
-No estoy seguro. Huele a pasta. Y a carne. -Dijo olfateando en el aire.
-Pareces un perro. -Le dije.
-Oh, mira, ahí está Ben. -Dijo Cameron elevando la mano y agitándola para que nos viera. En el momento que me giré, hice mal. Escuché un ruido y caí al suelo. Lo siguiente que vi, fue a una chica muy preocupada. Después, sentí un montón de hojas sobre mi cabeza.
-¡¡Lo siento muchísimo!! ¡Menos mal que no estaba aliñada! -Dijo quitándome la ensalada de la cabeza. Yo me reí. Primero: por su expresión. Segundo: por el otro plato que había en su bandeja, con tomate, especias y espaguetis.
-Y que no me ha caído encima el plato de pasta. -Respondí riéndome por esa situación tan patética. La chica se levantó y me ofreció la mano para ayudarme. Por un momento, crucé la mirada con ella. Tenía los ojos verdes. Su pelo de color azabache estaba recogido en una coleta. Sonreí, pero ella ni se inmutó. ¡Impresionante! ¡Esa chica parecía tener cerebro!
-De verdad, lo siento muchísimo.
-Tranquila. Estas cosas me pasan a menudo... -Añadí tratando de restarle importancia. Después de todo, unas hojas de lechuga no le hacen daño a nadie. Pero en ese momento miré alrededor. La gente nos observaba con ojos como platos. Y me percaté de que quizá si podían hacer daño. Solo eran necesarios algunos rumores y críticas. Suspiré y volví a mirar al frente. Pero la chica se había esfumado.
Cameron me miraba alucinado. Ben se nos acercó.
-Qué, ¿estaba rica la ensalada? -Dijo riéndose.
-Hey, que se veía muy arrepentida. Además, es mi culpa por no mirar por dónde iba.
-Ya. -Dijo Cameron. -Y, además, no te has manchado ni nada, así que... -Ben siguió riéndose.
-Y quizá tenía alguna razón para irse así de rápido. -Añadí.
-¡¡Aaron!! ¿Estás bien? ¡Esa chica te ha tirado aquel plato encima! -Amber Owens se aproximó a mí con paso rápido. Suspiré. Creo que he encontrado una posible razón por la que esa pobre chica huía desesperada.
-Amber, estoy bien.
-¿De verdad? -Preguntó con una sonrisa más falsa que cualquier otra cosa.
-Sí... Tranquila... -Miré a Cameron y a Ben rogando auxilio con la mirada.
-Por cierto, tenía pensado preguntarte una cosa... ¿vendrás a mi fiesta? – Preguntó ella. Cameron agitó el dinero de su mano con una sonrisa siniestra.
-Sí... Iré. -Dije suspirando.
-¡Genial! ¡Allí te espero!
-Bueno, vamos a comer. -Dijo Ben. Ese asqueroso es a veces un salvador.
-Eso. -Respondió Cameron. -Tengo hambre. Vamos Aaron.
-Sí... Adiós Amber.
-Adiós. -Respondió mientras me alejaba.
-Pff... Gracias... -Les dije mientras nos acercábamos a las mesas sobre las que estaba servida la comida.
-Esa chica es la cosa más falsa de este universo. -Dijo Ben. -Pero dime una cosa, ¿qué es eso de que vas a ir a la fiesta? ¿Cameron te ha convencido?
-Le invito a comer a cambio de que venga. -Dijo Cameron.
-Oh. -Respondió Ben. -¿Harías el mismo trato conmigo?
-Agh... Me vais a dejar pobre... -Dijo afirmando sin ganas.
Nos pusimos a la cola y nos servimos cada uno de nosotros nuestra propia comida. Después de que Cameron pagara, fuimos a sentarnos con los alemanes.
-Cameron. -Dijo Ben al cabo de un rato. -Lo habría hecho gratis. Pero gracias por la comida. -Añadió guiñándole un ojo. Cameron le clavó cuchillos con la mirada.
Lo que decía. Muy dentro de ellos, se adoran. Muy. MUY. Dentro.
La gente dice a menudo que el aspecto no lo es todo, ¿no? Pero cuando entré en la secundaria me percaté de que aquella frase que tanto nos enseñaban de pequeños era lo más parecido a una mentira que me habían contado en la vida. La gente se acerca a mí como moscas. Y realmente, ¡la mayoría de ellos no tienen cerebro! ¡Por Dios!
Los "atractivos" van al equipo de fútbol en picado. ¡Yo odio el fútbol! ¿Qué hago metido entre esa gente? ¡Ni yo lo sé! ¡Sólo sé que adoro la fotografía! ¡Y desde un principio yo quería apuntarme al club de periodismo!
-Ahh... -Dije entre suspiros. Me moría de ganas de que terminara el instituto. Y de que el fútbol desapareciera de aquel mundo. Ben estaba en el asiento frente al mío. Estaba leyendo un libro mientras nos miraba a Cameron y a mí de reojo. Este otro hablaba como un loro de temas sin importancia. Estas dos personas (si es que así se les puede llamar) son mis amigos de la infancia. Todo el mundo debería sentir compasión por mí. Es un hecho deprimente.
-¿Qué ocurre, Aaron? -Preguntó Cameron. -No dejas de suspirar. Si es por lo del equipo de fútbol, no te lamentes. ¡Termina siendo divertido! Ya sé que fue el entrenador el que te arrastró a eso, pero...
-Cameron, claro que para ti es divertido. Te gusta tanto que hasta eres el capitán. ¡Y eres solo el portero!
-Me sigo preguntando cómo es posible que juegues así al futbol con tu estatura. -Dijo Ben.
-Oye, que me he esforzado mucho. -Respondió Cameron. A veces se llevan como el perro y el gato.
-No discutáis. En el fondo os queréis. -Dije con burla. Ellos me fulminaron con la mirada. Pero, finalmente, Cameron decidió cambiar de tema.
-¿Habéis visto el cartel de Amber? Hará una fiesta de Navidad en su casa. ¿Vamos juntos? -Puse los ojos en blanco.
-Esa chica está loca.
-Sí. -Añadió Ben. -Loca por ti. Pero es guapa. Podrías salir con ella si quisieras, Aaron.
-Pfff. ¡Jajaajaj! -Exclamó Cameron estallando en carcajadas. - ¿Aaron saliendo con alguien? ¡Lo nunca visto!
-Y menos con esa. -Añadí. -Tiene la cabeza llena de aire. O quizá ni siquiera tiene aire ahí dentro...
-Bueno, ¿y por qué no vamos a la fiesta? -Preguntó Cameron. -Quizá entre máscara y máscara encontráis a vuestra alma gemela.
-Eso lo dices porque le has preguntado a Sarah si iría con alguien. Y le has dicho que la encontrarías. Y no quieres ir solo.
-Hablando del Rey de Roma... -Dije. Sarah se acercó a nosotros.
-Hola. -Dijo al llegar donde estábamos.
-Hola. - Respondió Cameron tímidamente. Este chico se vuelve otro cuando la ve. Sasuke solo asintió con la cabeza.
-Benjamin, me ha dicho el presidente que te pregunte por los papeles del segundo trimestre. Necesito hacer fotocopias para todos los profesores.
-Ah. Los tengo en clase. Ahora vuelvo. -Dijo dirigiéndose a nosotros. -¿Nos vemos en la cafetería?
-Vale. -Respondí. Y salió de nuestra clase con Sarah. Aquel año, a Cameron y a mí nos había tocado en una clase distinta a la suya. Pero no se le veía muy deprimido por ello.
Cameron me miró.
-¿Vamos yendo? Tengo hambre. -Dijo sacando su dinero de un bolsillo de su mochila. Su asiento estaba al lado del mío.
-Iré a la fiesta si me invitas a comer. -Le dije. Él suspiró.
-Trato hecho...
-¡Bien! -Exclamé levantándome.
Recorrimos el pasillo. Sentí algunas miradas en mí. Y muchas sonrisas de felicidad al verme. ¿Qué les pasa a las chicas de aquel instituto? Al parecer no solo Amber Owens tiene la cabeza llena de aire.
La cafetería estaba llena de gente. Pero me alegré al ver que aún había varias mesas vacías.
-¡Oh! ¡Albert y Hans! -Dijo Cameron dirigiéndose a los dos estudiantes alemanes que habían venido de intercambio. -¿Podemos sentarnos aquí? -Preguntó despacio para que le entendieran bien.
-Sí. -Respondió Hans con una sonrisa. Ellos ya tenían su comida. Y a mí me gruñeron las tripas.
-Hey. Vamos a por la comida. -Le dije a mi compañero.
-Ah. Es cierto. Se me olvidaba. ¿Os importa guardarnos el sitio? -Dijo en inglés, la lengua más dominante de aquellos extranjeros. Albert asintió.
-Gracias. -Añadí antes de dirigirnos a la cola.
-¿Qué crees que habrá de comer? -Le dije a Cameron.
-No estoy seguro. Huele a pasta. Y a carne. -Dijo olfateando en el aire.
-Pareces un perro. -Le dije.
-Oh, mira, ahí está Ben. -Dijo Cameron elevando la mano y agitándola para que nos viera. En el momento que me giré, hice mal. Escuché un ruido y caí al suelo. Lo siguiente que vi, fue a una chica muy preocupada. Después, sentí un montón de hojas sobre mi cabeza.
-¡¡Lo siento muchísimo!! ¡Menos mal que no estaba aliñada! -Dijo quitándome la ensalada de la cabeza. Yo me reí. Primero: por su expresión. Segundo: por el otro plato que había en su bandeja, con tomate, especias y espaguetis.
-Y que no me ha caído encima el plato de pasta. -Respondí riéndome por esa situación tan patética. La chica se levantó y me ofreció la mano para ayudarme. Por un momento, crucé la mirada con ella. Tenía los ojos verdes. Su pelo de color azabache estaba recogido en una coleta. Sonreí, pero ella ni se inmutó. ¡Impresionante! ¡Esa chica parecía tener cerebro!
-De verdad, lo siento muchísimo.
-Tranquila. Estas cosas me pasan a menudo... -Añadí tratando de restarle importancia. Después de todo, unas hojas de lechuga no le hacen daño a nadie. Pero en ese momento miré alrededor. La gente nos observaba con ojos como platos. Y me percaté de que quizá si podían hacer daño. Solo eran necesarios algunos rumores y críticas. Suspiré y volví a mirar al frente. Pero la chica se había esfumado.
Cameron me miraba alucinado. Ben se nos acercó.
-Qué, ¿estaba rica la ensalada? -Dijo riéndose.
-Hey, que se veía muy arrepentida. Además, es mi culpa por no mirar por dónde iba.
-Ya. -Dijo Cameron. -Y, además, no te has manchado ni nada, así que... -Ben siguió riéndose.
-Y quizá tenía alguna razón para irse así de rápido. -Añadí.
-¡¡Aaron!! ¿Estás bien? ¡Esa chica te ha tirado aquel plato encima! -Amber Owens se aproximó a mí con paso rápido. Suspiré. Creo que he encontrado una posible razón por la que esa pobre chica huía desesperada.
-Amber, estoy bien.
-¿De verdad? -Preguntó con una sonrisa más falsa que cualquier otra cosa.
-Sí... Tranquila... -Miré a Cameron y a Ben rogando auxilio con la mirada.
-Por cierto, tenía pensado preguntarte una cosa... ¿vendrás a mi fiesta? – Preguntó ella. Cameron agitó el dinero de su mano con una sonrisa siniestra.
-Sí... Iré. -Dije suspirando.
-¡Genial! ¡Allí te espero!
-Bueno, vamos a comer. -Dijo Ben. Ese asqueroso es a veces un salvador.
-Eso. -Respondió Cameron. -Tengo hambre. Vamos Aaron.
-Sí... Adiós Amber.
-Adiós. -Respondió mientras me alejaba.
-Pff... Gracias... -Les dije mientras nos acercábamos a las mesas sobre las que estaba servida la comida.
-Esa chica es la cosa más falsa de este universo. -Dijo Ben. -Pero dime una cosa, ¿qué es eso de que vas a ir a la fiesta? ¿Cameron te ha convencido?
-Le invito a comer a cambio de que venga. -Dijo Cameron.
-Oh. -Respondió Ben. -¿Harías el mismo trato conmigo?
-Agh... Me vais a dejar pobre... -Dijo afirmando sin ganas.
Nos pusimos a la cola y nos servimos cada uno de nosotros nuestra propia comida. Después de que Cameron pagara, fuimos a sentarnos con los alemanes.
-Cameron. -Dijo Ben al cabo de un rato. -Lo habría hecho gratis. Pero gracias por la comida. -Añadió guiñándole un ojo. Cameron le clavó cuchillos con la mirada.
Lo que decía. Muy dentro de ellos, se adoran. Muy. MUY. Dentro.


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