sábado, 17 de agosto de 2019

Sabor a chocolate - Capítulo 7



Capítulo 7
Tras la fuente de chocolate

Aaron Russel:
-Cameron, relájate. -Dije observándolo. Estábamos sentados en una mesa larguísima, llena de comida por todas partes. Tenía un mantel de color granate y bastantes sillas oscuras la rodeaban. Entre todo lo que había sobre la mesa, lo que más resaltaba era una alta fuente de chocolate.
Al lado había gente bailando un tipo de música... muy antigua. En realidad, parecía la típica música que ponían en un ascensor. ¿Puede saberse cómo sabía la gente bailar eso? No sé quién había hecho la selección de esta, pero le agradecía su existencia. Al menos había una compañía desagradable que no me acompañaría esa Nochebuena: la música mala.
Bueno, volvamos a lo que hablaba en un principio. Cameron estaba tan nervioso que incluso se mordía las uñas. Bueno, mas bien lo que quedaba de ellas.
-¿Cómo quieres que no esté nervioso? ¿Y si al final no aparece? ¿Y si no la encuentro? ¿Y si hemos venido aquí para nada?
-Hey... Tranquilo. Ella te dijo que vendría. Y, además, ¿cómo no la vas a encontrar con tus instintos románticos? ¡Eres capaz de localizarla a diez kilómetros de distancia! -Dije con una sonrisa.
-Pff... -Respondió dándole un trago a su bebida. -Y mientras... Ben, cumpliendo su papel como presidente del consejo estudiantil... -Comentó observándolo. Desde que habíamos llegado a la fiesta, él se había separado de nosotros y había estado hablando con mucha gente. ¿Se puede saber desde cuando él conocía a tantas personas?
-Ya ves.
-Se supone que habíamos venido juntos, ¿no? ¡Esto no era para separarnos!
-Pues tú habrías sido el primero en separarte. Y en cuanto encuentres a Sarah, directamente lo harás.
-Eh... Ya... Bueno... ¡Pero yo necesito apoyo psicológico hasta que eso ocurra! ¡Es distinto!
-Ya... ¿y en qué se diferencia? ¡Ni siquiera le has preguntado si quería venir contigo! ¡Le has dicho "Te encontraré"! ¡Así tal cual! -Él se desplomó por la mesa. Supongo que eso era dejar «KO» a alguien. Varios minutos después, él decidió hablar.
-Eres una mala persona. -Dijo elevándose.
-Te lo merecías. Por lo del paraguas.
-Ah... Pero lo peor es que tienes razón... -Dijo agachando la cabeza, deprimido.
-Hey, tú tranquilo. Si se vio emocionada cuando le dijiste que la encontrarías, entonces quizá tengas oportunidad, ¿no? -Dije tratando de no reírme por dentro. Tener oportunidad se queda corto. A Sarah se le notaba a simple vista que le gustaba Cameron. Y, bueno, a Cameron se le notaba el doble. El rostro de mi amigo se iluminó tras mi intento de animar la cosa.
-Tienes razón. -Dijo sonriendo. Elevó la mirada. Y, en cuanto lo hizo, sus ojos, literalmente, brillaron. -¡Ahí está! -Dijo levantándose de golpe, emocionado. Su silla produjo un gran estruendo, pero nadie además de mí pareció percatarse de ello.
-¿Dónde? -Dije mirando en la misma dirección que él.
-Vestido azul. -Susurró antes de comenzar a caminar hacia allí. -¡Adiós, Aaron! -Dijo desapareciendo entre la gente.
Busqué el vestido azul en lo alto de las escaleras, pero lo único que resaltó en aquella dirección era una chica vestida de verde. Mejor dicho, la única chica vestida de verde. Es decir, nadie había venido de ese color, ¿cómo era posible no fijarse? Tenía el pelo más oscuro que el color del carbón y una máscara del mismo color que su vestido me impedía ver su rostro. Aunque... Si te fijabas bien... Se la veía algo nerviosa. Y torpe. Prácticamente no sabía dónde pisaba en aquellas escaleras.
Cuando las dos chicas estuvieron abajo, pude observar a Cameron, que se dirigió hacia la chica del vestido azul que estaba a su lado (chica que supuse que sería Sarah). En seguida ellos dos se alejaron juntos y la chica de verde se quedó completamente sola.
Me quedé observándola un largo rato. Sus gestos llegaban a ser incluso complejos, pero eran naturales. Entrelazaba sus dedos y jugueteaba con sus pulgares mientras examinaba todo cuanto había a su alrededor. Su mirada recorrió toda la sala y, cuando cayó en mi dirección, sonrió y comenzó a caminar hacia a mí. ¿La conocía? Es decir, era muy guapa y parecía una persona interesante, pero... No tenía ni idea de quién era. En todas las caras que conocía del instituto, no me venía a la mente alguien así. Y, bueno, conocía a mucha gente.
La chica se acercó. Tragué saliva. Miré disimuladamente hacia el resto de las personas en la sala. Pasaron minutos. Nadie me habló. Cuando miré hacia la chica, me encontré con algo inesperado: ella se encontraba llenando un plato de todo tipo de chocolates que había sobre la mesa. Dios... Soy demasiado egocéntrico...

***

Tras ver que la chica había comenzado a comer su tentempié, suspiré y me levanté. Me dirigí al otro lado de la sala. ¿Quizá habría por ahí algo interesante? No me podía pasar toda la noche viendo como la gente bailaba y como una persona comía chocolate.
Oh. Bueno. Pues no, no había nada que llamara mi atención en ningún rincón de aquella sala.
En vez de haber mesas de comida, había varios sofás para que la gente se sentara. Un grupo de personas se encontraba jugando a las cartas. Extraño momento y lugar, pero ahí estaban. Otros, se habían refugiado en un sillón y, probablemente, hacían como que miraban un mensaje cuando en realidad planeaban algo parecido a: "veinte minutos más y me voy". Otros sencillamente charlaban con personas que habían visto una o dos veces por los pasillos. Personas que se habían animado a entablar una animada conversación. Y entre toda esa gente, entre todas esas risas y voces, encontré a la persona que menos me habría gustado encontrar.
-Benjamin, ¿has visto por ahí a Aaron? -Preguntó Amber, que se había levantado de uno de los sofás para preguntárselo.
-Oh, pues la verdad es que... -Respondió este, que acababa de cruzar la mirada conmigo. Lo miré con súplica y él tan solo sonrió. Sabía exactamente lo que significaba aquella maléfica expresión y, si no me vieron totalmente pálido, fue porque me di la vuelta y salí corriendo al otro extremo de la sala.
Busqué un lugar donde esconderme. ¿Entre la multitud que bailaba? Eso llamaría la atención más que otra cosa. Yo no bailo, yo muevo mis brazos como un pulpo. ¿Debajo de una mesa? Mejor evitarlo, iba de traje. ¿Detrás de la enorme fuente de chocolate que había sobre la mesa? Dios, por favor, ayúdame a no ser descubierto.

Ellen Foster:
El chocolate estaba delicioso. Y bueno, era un plan maravilloso el hecho de quedarse apartada de la fiesta en una silla. Observaba a la gente con máscaras. Aunque, para ser sincera, me parecía totalmente divertido el hecho de que sabía quiénes eran la mayoría de ellos. Bueno, quiénes eran a medias. Apostaría que, si me preguntaran cosas sobre ellos, sabría decir sus fechas de cumpleaños, cuántos hermanos tienen o incluso el nombre de su mascota. ¿Pero el suyo? Oh, ese tipo de cosas eran las que mi cerebro reseteaba día a día.
Y en el momento en el que me saqué del bolso el libro que había traído de casa, todo el ruido de la sala se esfumó. Solo podía pensar en las palabras y la escena que mi imaginación representaba. Era incapaz de hacer otra cosa. Incapaz de escuchar la música que habían puesto de entre todo un repertorio. Incapaz de observar a todo el mundo que había a mi alrededor. Incapaz de concentrarme en cualquier otra cosa que no fuera la magia que creaban los escritores al hacer una obra. Obras que eran arte con vida. La cosa no podía mejorar más.
Aunque esa normalidad terminó en seguida. Un chico prácticamente se abalanzó sobre la mesa y se sentó detrás de la fuente de chocolate, a unas tres sillas a la derecha de mí. Puso sus codos sobre esta y ahí se quedó, estático. Lo miré extrañada y, en cuanto normalicé la situación, volví a la lectura. Si la gente normal era así de rara, eso sólo hacía que aumentaran mis ganas de olvidarme del mundo.

Aaron Russel:
Mi comodidad duró hasta que escuché un chirriante sonido. A mi izquierda.
-Eh... Perdona, he visto que has estado observando todo y me preguntaba si habías visto a Aaron Russel. -Le preguntó la anfitriona de la fiesta a la chica de vestido verde que hacía unos minutos había observado con curiosidad. Ella levantó su mirada de un libro que tenía entre las manos, con el ceño fruncido. Luego se le pasó la expresión y se fijó en quién hablaba. Luego, seguramente por mi resaltante cara de horror, me miró a mí. Yo la observé suplicante. Ella elevó una ceja, sorprendida.
-No lo he visto. -Dijo volviendo a dirigirse a ella.
-Agh... Dónde se ha metido... -Dijo caminando de nuevo hacia el otro lado de la sala.
-Esa chica tiene un problema para agradecer las cosas. -Murmuró antes de volver a la lectura.
-Eh... Bueno... Gracias. A mí sí que me has ayudado. -Dije mirándola. Ella elevó su mirada y sonrió.
-De nada. -Tras varios segundos de silencio, decidió hablar de nuevo. -Así que tú eres Aaron Russel, ¿no?
-Exactamente. -Dije sonriendo. -¿Podría saber alguna de las razones por las qué me conoces?
-Podría haber muchas posibilidades. Eres popular... Estás en el club de fútbol... Hace poco te tiraron un plato de ensalada encima... -dijo cada vez bajando más el tono.
-Vaya. Supongo que es más por culpa de los rumores que por otra cosa... -Ella primero dudó qué responder, pero al final soltó, probablemente, lo primero que se le ocurrió.
-Aunque no sé si me creerás si digo que la primera vez que oí hablar de ti fue el último día de instituto.
-¿En serio? -Ella asintió con la cabeza.
-¿Entonces esta es la primera vez que hablamos? -La chica puso los ojos en blanco.
-Podría decirse.
-Pues encantado de conocerte, amante del chocolate y de... -Dije tratando de ver el título del libro. -Los Hermanos Grimm. -La chica sonrió. -¿No son un poco sangrientas sus historias como para leerlas en Navidad?
-Eh... Un poco, sí. Pero el libro de “Cuentos de Navidad” no me cabía en el bolso. -Dijo señalando una bolsa muy pequeña.
-Vaya. Pues bueno, al menos puedes leer. Yo solo me puedo esconder de Amber detrás de una fuente de chocolate. -Ella se rió y cerró el libro, no sin antes poner el marcapáginas. ¿Significaba eso que quería seguir hablando conmigo?
-¿Sabes? Pensaba que la gente popular era más... egocéntrica.
-Uy, no te lo niego. Yo mismo me considero egocéntrico… Pero, sinceramente, quisiera no llamar tanto la atención.
-Ah, es mucho mejor. Pero la mayoría que no lo han experimentado, prefiere ser popular. Yo no lo entiendo, pero bueno. -Asentí. -También pensaba que la gente del club de fútbol eran todos unos... descerebrados. -Añadió tras pensar las palabras. Me reí por su comentario.
-Ah, y lo son. Podríamos decir que soy la excepción. -Dije provocando una sonrisa en su rostro. -Sobre todo porque me gustaría no estar ahí.
-¿Y por qué no te vas?
-Eh... Digamos que tengo mis razones...
-¿Y dónde te gustaría estar?
-Pff... ¿No vas a saber mucho de mí entonces? Es injusto. No sé ni tu nombre.
-Sabes que me gustan el chocolate y los cuentos de los hermanos Grimm.
-¿Y me vas a decir tu nombre?
-Aunque te lo dijera, no sabrías quién soy.
-Entonces, ¿hay alguna forma de que pueda saber quién eres?
-Mmmm... Digamos que soy la protagonista de uno de los más recientes rumores. -Pensé y pensé.
-¿Eres Yuri, la que empezó a salir con uno del club de periodismo? -Negó con la cabeza. -¿La que se metió en una pelea y a la que expulsaron por una semana?
-¿Me ves capaz de hacer eso?
-¿La única persona que ayuda a la bibliotecaria?
-¿Hay un rumor sobre eso? -Dijo riéndose.
-Tienes razón, me lo inventé. Pensé que era algo que pegaba contigo. Mmm... ¿eres una de esas que aparecen en rumores siendo anónimos?
-Exactamente.
-Entonces volvemos al principio. Sigo sin saber quién eres.
-Bueno, ahora sabes que soy una anónima famosa.
Justo después de que terminara la frase, la música de fondo paró y comenzó a zona algo que no puede ser llamado música, pues ese término se le queda grande.
-¿Por qué la gente escucha cosas que hieren los oídos de esta forma? -Dijo la chica, que se había puesto pálida del horror.
-Eh... ¿Te gustaría que saliéramos de aquí? -Dije señalando una puerta que llevaba a uno de los largos pasillos de la mansión.
-Por favor... -Contestó. Nos levantamos y desaparecimos de la sala, dejando de rastro un plato con algo de chocolate, unas sillas mal colocadas y una música que mataba neuronas.
   Continuará...

¡Hola! :D
¿Alguna vez habéis comido algo de una fuente de chocolate? ¡Es el sueño de mi hermana desde siempre!
*Solo queda explicar que los hermanos Grimm fueron dos escritores alemanes que recopilaron varios cuentos, como "La Cenicienta" o "Hansel y Gretel". La verdad es que Disney ha censurando las partes más macabras de los cuentos de los Grimm. Es decir, en otras versiones, Pinocho mató a Pepito Grillo y la sirenita se convirtió en espuma… Y pasaron muchas otras cosas que nadie debería contarle a sus hijos, así que mejor lo dejo ahí. 

Bueno, después de este tétrico apartado de los Grimm, ¡espero que hayáis disfrutado el capítulo!😊




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