sábado, 17 de agosto de 2019

Sabor a chocolate - Capítulo 10



Capítulo 10
Clase de matemáticas

Ellen Foster:
Pasaron los días y, con ello, aumentaba mi esperanza de que todo fuera a ir bien cuando volviera al instituto. Era todo constantemente monótono: estudio, libros, chocolate, nervios; estudio, libros, chocolate, nervios... Una y otra vez. Incluso mi padre me mandó varias veces a dar un paseo para dejar de hacer todo el rato lo mismo; aunque era en esos momentos cuando más pensaba en ello, así que al final volvía a hacer lo mismo de siempre.
Y los días seguían pasando. Devolví el paraguas que la dueña de la tienda del chocolate me había dejado, completamente agradecida. Compré mucho más chocolate. También me planteé mucho lo que Sarah me había dicho. ¿Realmente estaba tratando de vivir un cuento de hadas? Mi conclusión me tranquilizó: no podía ser. Para nada quería vivir uno. Y, bueno, también me enteré de que Sarah le dijo a Aaron que tenía unos pies minúsculos... El caso es que no podía dejar de pensar en lo mismo. Constantemente. Me rendí ante el chocolate y comencé a leer a escritores como Tolstói; sus libros son muy largos, así que tenía ahí capítulos para rato.
Y entre historias como Guerra y Paz Ana Karenina, pasé el final de las vacaciones. Así, casi sin percatarme de ello, llegó el primer día de instituto. Lunes. Suspiro tras suspiro y una gran sensación de haber desperdiciado las vacaciones.
-¿Ellen? ¿Me estás escuchando? -Me preguntó Sarah. En cuanto la miré, supo que tendría que repetirlo todo de nuevo, por lo que puso los ojos en blanco.
-Perdón.
-Tranquila... Es normal estar perdida en tus pensamientos el primer día. -Me respondió. -Mira el lado bueno, hoy tenemos matemáticas después del recreo. -En el instituto, en las horas de matemáticas y lengua, se hacían desdobles y nos mezclaban a todos los grupos. Se supone que nos juntaban "por niveles". Todos sabíamos que en realidad se dedicaban a ponernos al azar. Y por pura suerte, ¡me había tocado con ella! Literalmente, por primera vez en años.
Y después de escuchar a Sarah hablar conmigo de temas varios, llegamos al instituto.
-Nos vemos luego, Ellen. - Me dijo Sarah mientras comenzaba a encaminarse a su clase.
-Hasta luego. -Murmuré antes de que se marchara hacia la otra punta del pasillo de nuestro curso. Había un total de cuatro clases que daban todas las asignaturas en nuestra lengua y tres en las que era bilingüe. En dos se hablaba inglés y en una, francés. Pero Sarah y yo dábamos todo lo posible en nuestro idioma. La verdad es que nuestro instituto era realmente grande.
Cuando llegué a mi asiento, no había llegado mucha gente. Dejé la mochila y miré la hora en el reloj que había en lo más alto de la sala: las 8:17. Aún quedaban unos diez minutos para que empezaran las clases. Me pregunto por qué la mayoría de la gente siempre llegaba a tiempo en los últimos cinco minutos. ¿Sería algún tipo de superpoder o algo parecido? De todas formas, sólo rezaba por no encontrarme con complicaciones aquel día.

Aaron Russel:
Exhalé hondo. Por fin habían pasado las vacaciones. ¿Significaba aquello que podría encontrarla? Hombre, tenía en ello esperanzas, pero tampoco debía emocionarme. Si no, luego podía decepcionarme. Aunque este pensamiento era solo palabrería. Dios, ¡tenía ganas de verla! ¡Tan solo verla!
Miré el instituto desde fuera. Y luego me fijé en que la gente estaba comenzando a correr para entrar en el instituto. Y escuché el timbre: las clases comenzaban. Me uní al resto en esa carrera para alcanzar nuestras clases antes de que llegaran los profesores.
Y aun así, no podía dejar de pensar en si lograría encontrarla. Y, bueno, en cuándo lo conseguiría.

***

-Aaron, me deprimes hasta a mí. -Me dijo Cameron, que cuando sonó el timbre del recreo, se había acercado a mí. -Si fuera por mí, te diría su nombre, pero ya sabes que Sarah me ha pedido que...
-No necesitas decirme que tu futura novia te ha pedido que no me digas su nombre… -Suspiré y lo observé. -¿Qué puedo hacer?
-Eh... Pues la verdad es que no se me ocurre nada. Si te soy sincero.
-¿Acaso no sabes de qué color es su pelo? -Preguntó Ben, que acababa de aparecer detrás de nosotros. -O sus ojos, o lo que sea. -Siempre llegaba rápido junto a nosotros, ya que su clase (el D) está justo en frente a la nuestra (el E). Está en la misma clase que Sarah.
-Pues ahora que lo dices... -Dije observando a las chicas a mi alrededor. -No hay muchas chicas con el pelo negro. Y menos con los ojos verdes. -Sonreí. Así sería más fácil encontrarla.
-Ah... -Suspiró mientras se sentaba en el asiento que había frente al mío y, bueno, el sitio de Cameron. -Y ahora toca matemáticas.
-Es verdad... -Refunfuñó Cameron. A él le había tocado en una clase distinta a la de Ben y a la mía, que por pura suerte nos había tocado juntos.
-¿Qué vas a hacer para encontrarla? -Me preguntó Ben. Les había contado lo que había ocurrido en la fiesta uno de los días de vacaciones. Bueno, no todo. Siguen pensando que salió corriendo porque le espantó algo que dije.
-No lo sé. -Respondí. -Pero tengo algunas ideas que surgieron gracias a una conversación que tuvimos…
-De todas formas, creo que deberías dejar todo como está. Si no te ha dicho quién es, será por algo. -Comentó Cameron. Lo observé con tristeza. Suspiré y me desplomé en el escritorio.
-Supongo que tienes razón...
-Hey, pero no le deprimas de esta manera, por mucha razón que tengas. -Dijo Ben.
-Yo quiero encontrarla. -Dije elevándome de nuevo.
-Hombre, es la primera vez que te veo así -Dijo Cameron. -Y te conozco desde que tenías cinco años. -Ben asintió. En realidad nos conocíamos los tres desde esa edad. Y era verdad que nunca me había interesado en nadie. ¿Y por qué en ella sí? Ni yo lo sabía. Era… distinta… No solo porque fuera la única vestida de verde. Ni porque se hubiera apartado de la multitud para comer chocolate y leer un libro… Simplemente, me parecía una persona interesante e inteligente.
Repentinamente, sonó el timbre de nuevo.
-Ah... ¿ya han pasado veinte minutos? -Preguntó Cameron completamente decepcionado por el final del recreo. Yo cerré mi mochila y la cogí. Tenía que cambiarme de clase. Concretamente, tenía que ir a la clase de Ben.
-Venga, vamos. -Me dijo este desde el marco de la puerta. Me acerqué a él y salimos de aquella sala, en dirección a otra distinta.

Ellen Foster:
-¿Ellen? ¿Que haces? -Me preguntó Sarah cuando me senté a su lado, mientras leía atentamente uno de los libros que había cogido de la biblioteca en el recreo.
-Estoy en un buffet en Alemania. -Dije sarcásticamente.
-Ja ja, muy graciosa. -Respondió ella con el mismo tono. Cuando terminé el párrafo, cerré el libro poniendo en medio un marcapáginas que había hecho por puro aburrimiento, con un trébol de cuatro hojas. HAbía estado leyendo mientras caminaba, sin apartar la vista del libro. No era muy bueno que se dijera, pero no pude evitarlo. La novela estaba realmente interesante. Saqué a regañadientes otro libro completamente distinto, en cuya tapa ponía "Matemáticas".
-¿Terminaste los deberes de vacaciones? -Le pregunté a Sarah. Ella se giró a mí y asintió, sonriente. Sonreí también. La mayoría de las veces no los hace porque ni siquiera recuerda que el profesor haya mandado algo.
-¡Oh! ¡Muy bien! -La felicité, a lo que ella puso los ojos en blanco. Fue justo en ese momento, cuando escuché una voz familiar.
-Aaron, ¿por qué tuviste que sentarte el primer día en la primera fila? Podríamos haber estado atrás...
-Ya te he dicho muchas veces que no. Ese día llegamos tarde, ¿recuerdas? Y era el último sitio libre.
-Ah... -Respondió el chico. Yo abrí los ojos como platos y, disimuladamente, me acerqué a mi mochila. Bueno, creo que no muy disimuladamente, porque debía estar horrorizada. Saqué rápidamente mis gafas de la funda y me las puse para evitar ser reconocida con facilidad. Y seguidamente, me acerqué a Sarah y le susurré.
-¿Desde cuándo Aaron va a esta clase? -Pregunté atemorizada.
-Oh... qué mona. -Respondió ella mirándome. -Después de conocerlo, te ha traído de vuelta al mundo real... Oh... -La miré, clavándole cuchillos con la mirada.
-Como sigas así, voy a tener que felicitarte. -Le dije. -Feliz día de tu muerte…
Nosotras estábamos sentadas en la segunda fila, justo en diagonal a donde estaban Aaron y su amigo. Pero, claro, ¿cómo no iba a ponerme nerviosa? La persona que me buscaba, estaba (inesperadamente) a unos asientos de mí en ese mismo instante. Bueno, la persona que creía que me buscaba. Suspiré justo en el momento en el que entró el profesor en la clase.

-¡Feliz año nuevo! -Dijo elevando su voz para tratar de que la gente se callara. Aquel no era un “feliz” año nuevo, se lo podía asegurar.
   Continuará...

¡Una clase de matemáticas!
Por extraño que parezca, es mi asignatura favorita. No miento. ¡Me gustan tanto las letras como las ciencias! 
Bueno, cambiando de tema, ¡espero que te haya gustado el capítulo! 😁

*No puedo olvidarme de hablar de León Tolstói, un novelista ruso cuyas obras más famosas son "Guerra y paz" y "Ana Karénina", ambas del realismo ruso. Ambos libros son enormes y, a pesar de que aún no he leído ninguno, los tengo en mi estantería, esperando su momento. ¿Lo malo? Me han dicho que son libros un tanto pesados... Eso no motiva, a decir verdad.
P.D: La de la imagen es Sarah. :-)





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