Capítulo 13
Libros clásicos
Ellen
Foster:
Sí, mi intuición era correcta. Se puso a
llover. Creo que pasé mucho, pero mucho, rato distraída, mirando por la
ventana. Estaba en uno de esos momentos en los que lo olvidas todo y te centras
en lo que tienes a tu alrededor. Pero no tardaron en volver a mi mente todo lo
que me estaba ocurriendo recientemente.
Me centré en la clase por un momento.
Repasábamos algo sobre la Ley de Newton, ley de la que ya había leído lo
suficiente como para dejar de prestar atención en clase y volver a la lectura.
Estaba leyendo Moby
Dick. Sí, era un libro aburrido. Pero me motivaba un hecho a seguir con la
lectura: era más interesante que esa clase de física. Además, podía leer muchos
libros, pero ¿por qué no los clásicos? Al fin y al cabo, si se llamaban “clásicos”
era por algo. Un libro malo se habría perdido hacía años. Y, además, estaba
dispuesta a crearme una opinión propia de esa historia.
Pasó un tiempo. Ignoro cuánto. El caso es
que ese día fue distinto (cómo no, ¿por qué iba a narrarlo si no?). Algo lo
cambió todo: una persona estaba parada frente a mi pupitre, mirándome con
curiosidad mientras esperaba a que retirara mi vista de las letras del libro y
me centrara en ella.
Miré al frente y, cuando vi que la mayor
parte de los estudiantes no se encontraban en sus asientos, intuí que había
sonado el timbre. Claro, que lo primero que me llamó la atención fueron los
ojos de Charly.
-¡Ellen! -Me sonrió al verme y me dio otro
abrazo. Fue acogedor, pero asfixiante. Pronto se apartó. -Dios, al parecer
sigues perdiéndote en tu mundo fácilmente. Llevo aquí como cinco minutos sin
que te des cuenta.
-¡Charly...! ¡Hoy podría haberme ocurrido
cualquier cosa, pero no imaginé que volvería a verte! ¡¿Cómo que has vuelto a
la ciudad?! ¡Hace años que no nos vemos!
-Bueno, mi familia se ha mudado por el
trabajo de mi padre y como estábamos cerca del instituto de Sarah... ¡Aquí
estoy!
-¡Qué bien! – Sentí que alguien me había dibujado
una sonrisa en el rostro y fuera incapaz de borrarla. - ¿Sarah sabía que ibais
a venir?
-No, era una sorpresa. La he visto esta
mañana.
-¿Ya has visto todo el instituto? -Le
pregunté. Si era nueva, al menos le gustaría conocerlo, ¿no?
-No del todo. Solo lo esencial. -Me
contestó.
-Bueno, ¿te apetece ver algo más? -Cerré mi
libro y lo dejé sobre mi mesa. Ella asintió en respuesta.
-¡A Sarah! -Exclamó.
-¿Pero no la has visto antes...? -Antes de
dejarme terminar la frase, me vi siendo agarrada de la muñeca mientras tiraba
de mí por el pasillo. No había cambiado nada en todos estos años.
En seguida, nos encontrábamos en la puerta
de la clase del A (después de todo, estaba en la otra punta del pasillo,
tampoco había que pasearse por todo el instituto...).
Charly entró emocionada y buscó a su prima
con la mirada. Mucha gente se la quedó mirando, preguntándose quién era y,
luego, algunas de sus miradas iban hacia mí, que me dediqué a mirar hacia abajo
evitando cualquier tipo de contacto visual.
Exactamente... Mis zapatillas eran
preciosas. Eran perfectas para poder observarlas en momentos tan incómodos como
esos.
-Perdonad, ¿sabéis si está Sarah? - Les
preguntó Charly a unos chicos que estaban sentados cerca de la entrada.
-¿Sarah? Ni idea. -Respondió uno de ellos.
-¿Vosotros sabéis algo?
-Ah, creo que se ha ido al consejo con Aaron
y Benjamin. -Sí, bien, perfecto. Aaron. Maravilloso. Podía ser cualquiera, pero
ha tenido que ser él.
-¿Consejo? -Dudó Sarah.
-A la sala del consejo estudiantil. -Respondí.
Ella me miró y me sonrió, aún un tanto dudosa. -Sí, a Sarah le gustan esos líos
extraños... -En ese momento, odié la existencia del puesto de delegado que le
había tocado desempeñar a mi mejor amiga.
-¡Wow! Mi prima es increíble... ¡Vamos para
allá, Ellen!
Y, por supuesto, no esperó mi respuesta y,
de nuevo, me vi siendo arrastrada hacia la sala del consejo estudiantil.
-Por Dios, Charly, ¿no decías que no
conocías el instituto? ¡Pensé que solo habías visto lo esencial!
No recibí respuesta. Al final, me quedé
plantada frente a la sala del consejo estudiantil. Sin poder decir nada, Charly
llamó a la puerta y, tras escuchar un "adelante", la abrió.
Había mucha gente charlando, pero no lo
suficientemente alto como para molestar a los demás. Mi vieja amiga se adentró
en la sala sonriente y yo me oculté fuera.
-¡Charly! ¿Qué haces aquí? -Preguntó Sarah
en cuanto la vio.
Eché un pequeño vistazo al interior de la
sala, donde pude ver a nuestro profesor de literatura, que le preguntaba a un
chico del curso por unos asuntos del viaje escolar.
Más o menos en el centro de la sala había
unos chicos de un curso superior, hablando con otros dos profesores que no
había visto nunca.
Sarah estaba sentada en uno de los
escritorios más cercanos a la ventana, junto a un chico rubio (que supuse que
sería el tal Benjamin), Aaron y un millón de papeles esparcidos por la mesa.
-¿Quién es, Sarah? -Preguntó Benjamin
refiriéndose a la chica de pelo castaño, que sonreía tras haber encontrado a su
prima.
-Es mi prima, Charly. -Aclaró ella, con su
misma expresión. -Se ha mudado hace poco. Charly, estos son Aaron y Benjamin.
Van a mi clase.
-Hola... -Dijo Aaron concentrado, sin dejar
de leer unos papeles de la mesa.
-Encantado. -Añadió rápidamente Benjamin,
el cual la miró a los ojos, dando a entender que no estaba tan ocupado como el
anterior.
-¿Cómo sabías que estaba aquí?
-Ellen y yo hemos ido primero a tu clase a
preguntar, luego hemos venido aquí. -Respondió Charly, mirando hacia atrás,
donde no me encontró. -¡Ellen! ¿Qué haces?
Oh, por Dios, ¿voy a tener que poner un pie
en la sala?
Aaron elevó la mirada de los folios,
sorprendido, y yo suspiré y me adentré en la sala, intentando ocultar las
vendas del brazo con la manga de mi camiseta.
-¡Hola Ellen! -Me dijo Sarah a medida que
me acercaba. Estaba un tanto sorprendida, pero no tanto como yo pensé que
estaría. Mi visita era algo extremadamente inesperado. Quizá incluso
sobrenatural. Pero, al final, cambió de tema. -¡Dios santo! ¡Yo tampoco sabía
que Charly se iba a mudar! ¿Sorprendida?
-No
te lo puedes ni imaginar. -Contesté.
-Hacía tiempo que no estábamos juntas las
tres, ¿eh? -Añadió Charly sonriente.
Yo imité su expresión.
Aaron y Benjamin nos observaban intentando
encontrar un momento para, probablemente, entrar en la conversación.
-Nunca habías venido a verme al consejo,
estoy tan feliz... -Me dijo al rato Sarah, fingiendo secarse una lágrima. Yo
reí por su gesto.
-Tienes razón. Pienso que la biblioteca es
un lugar más interesante que visitar... -Respondí.
-¿Este instituto tiene biblioteca? El del
pueblo sólo tenía una sala de ordenadores viejos que casi no funcionaban. -Dijo
Charly.
-¿La abuela ha venido con vosotros? -Le
preguntó Sarah a Charly, a lo que empezaron a hablar de familia, un tema del
que no estaba muy interesada o, siquiera, enterada.
Cuando Aaron vio que yo había comenzado a
ignorar el tema de la conversación (a la cual no podía aportar nada), tuvo la
oportunidad de hablarme.
-¿Qué tal están los cortes? -Me preguntó
señalando sus propios brazos. Yo suspiré.
-No están mal. -Me descubrí un poco la
manga y pudieron verse las vendas que cubrían los pequeños cortes. -Ya no me
duelen. -Añadí tapándolos de nuevo. El chico suspiró aliviado, lo que hizo que
Benjamin tuviera algo que decir.
-¡Ahí
va! ¡Pero si eres la chica de ayer! -Exclamó. Eso me hizo recordar que, después
de que Cameron llegase al pasillo de la ventana rota, apareció el chico rubio
que tenía delante en ese mismo instante. -Ellen, ¿verdad? Estos futbolistas no
tienen ningún tipo de cuidado, ¿eh?
-Uf, habla por ti. -Farfulló Aaron. -Si no
fuera porque eres el presidente del consejo estudiantil, serías otro “futbolista
descuidado” más. Pero de todas formas – dijo, cambiando de tema y comenzando a
dirigirse a mí directamente - al club de fútbol se le están acabando los fondos
de tanto romper cristales, así que a partir de ahora han decidido tener mucho más
cuidado. -Añadió Aaron. Me reí.
-¿Sólo por los fondos? -Pregunté entre
risas.
-Eso parece ser lo único que anima a esos
idiotas a no cometer estupideces... -Respondió.
Me percaté de que Sarah me miraba de reojo
con una sonrisa pícara mientras seguía hablando con Charly. Suspiré.
-Bueno... ¿Sarah y tú os conocéis?
-Preguntó Aaron con una expresión que no pude leer. Parecía extrañado. Estaba a
punto de contestar, cuando Sarah se adelantó.
-Por supueeeesto, somos amigas de toooooda
la vida. -Puso un tono extraño, forzado, como si estuviera exagerando el asunto
intentando hacerle entender a Aaron que yo era la chica de la fiesta. O eso me pareció.
Quizá estaba siendo paranoica o egocéntrica. -Si no la habíais conocido antes
-añadió -, es porque a ella no le da la gana relacionarse con nadie.
-Bueno, esto... yo... tengo que ir a la
biblioteca... -Al haber puesto esa excusa, me dirigí al exterior de la sala.
-Pero si el recreo está a punto de
acabar... -Dijo Charly, antes de que yo cruzara el marco de la puerta y la cerrara
a mí paso.
Charlotte Barnes:
Madre del amor hermoso, pero ¿cómo podía
haber tantos dioses en un instituto? ¡En mi pueblo los chicos guapos se
limitaban a ser uno y medio!
El chico que estaba más ocupado miró hacia
la puerta (por donde Ellen acababa de desaparecer) y volvió a sus asuntos.
Su pelo castaño, sus ojos marrones, la
forma de su cara, sus labios... ¡Incluso su nariz era bonita! En cambio, el otro era rubio y con ojos
claros, ¡Incluso parecía un extranjero! Le pegaría llamarse Apolo... Un
nombre digno de un dios como él. O quizá Adonis o Narciso, personajes hermosos,
por cierto…
-Ellen sigue igual de tímida, ¿eh? -Comenté
mirando a Sarah.
-Síp. Al menos se ha vuelto algo más
expresiva. -Respondió Sarah riendo.
-Tienes razón, antes era como una especie
de estatua... - Comenté. Busqué las palabras para preguntar sobre temas en los
que, probablemente, no debía meter las narices. -¿Cómo...? ¿Cómo está por lo de
su madre? -Charly me miró y suspiró.
-La verdad es que no tengo ni idea... No
habla mucho al respecto... -Respondió ella. -La última vez que pronunció la
palabra "madre", lo hizo para ponerse un vestido que le perteneció a
ella, para la fiesta de Navidad que dio una chica del instituto.
-¡Una fiesta! ¡Yo también quiero ir a
alguna! ¿Hay fiestas a menudo? -Sarah miró al tal Aaron, que tenía una
expresión que no supe leer. Al final, negó la cabeza.
-De todas formas, esa es la primera fiesta
a la que ella ha ido en su vida...
El sonido del timbre dio punto y final a
nuestra conversación.
-¡¡¡No!!! ¡No he terminado, y lo tengo que
entregar esta tarde! -Gritó el chico de pelo castaño volviendo su atención a sus
papeles.
-Eso te pasa por no haberlo hecho anoche.
-Respondió el otro.
-¡Ya te dije que estaba ocupado con la
tienda! Podrías haberme dejado el tuyo y no habría pasado nada...
-Puede, pero me gusta ver como sufres.
-Dijo con una sonrisa maliciosa el chico que se llamaba... Benjamin, ¿no? Ese nombre era bastante pobre en comparación a los que yo le había puesto. Apolo fue el que puso esa sonrisa maliciosa, no "Benjamin"...
-Me voy yendo a clase. -Le dijo Sarah a sus
compañeros.
-Adiós. -Me despedí de ellos y seguí a mi
prima por los pasillos.
-El de pelo castaño se llamaba Aaron, ¿no?
-Le pregunté mientras nos alejábamos de la sala.
-Sí.
-Parece un chico interesante... ¿Le gusta
Ellen? ¿O viceversa?
-Jajajaj. No tengo ni idea… A ver, Ellen…
es Ellen. Tiene menos idea que yo. Y, bueno, a él le gusta el lado
"Cenicienta" de Ellen, eso sí. -Miré a Sarah extrañada.
-¿Cenicienta? -Pregunté. -¿No es esa la de
los zapatos de cristal?
-Sí, solo que Ellen no dejó atrás nada. Ni
un zapato... -Respondió ella. -Aunque si lo hubiera hecho, la habría encontrado
fácilmente. ¡Tiene el mismo tamaño de pies que Alice! Por dios... -Murmuró. Yo
me reí. -¡Bueno! El caso es que es una laaaarga historia… De hecho, al parecer
le ha ocurrido algo que me tiene que contar. Esta mañana me dejó a medias.
-Uh, me gustan las historias. Y, ¡mira qué
casualidad!, tengo tiempo después de la escuela.
-¡Yo también! Impresionante...
Nos miramos por un momento y ya sabíamos
exactamente qué íbamos a hacer.
-Hay una cafetería que tiene muy buena
pinta cerca de mi casa. -Dije mirando a Sarah.
-Buena idea. Recuerda decirle a Ellen de
tomar chocolate caliente en vez de café, ya sabes que “chocolate” siempre ha
sido la palabra clave.
-Ok. Nos vemos luego. Espéranos cuando
salgas. Si funciona, te mando un mensaje. -Le dije mientras Sarah se metía en
su clase y yo me dirigía a la mía.
Aquella iba a ser una tarde interesante.
¡MUAJAJAJA!
La hora de relatar historias está a punto de llegar...
Pero hasta entonces, voy a explicar otro de los libros que he nombrado... Si es que cuando un personaje lee hay que darle profundidad, y lo que está leyendo es importante: si alguien se quiere reír, uno lee comedia; si alguien quiere enamorarse, uno lee romance; si alguien quiere sentir miedo, uno lee terror.
¡TODO ES FÍSICA! Vale, ya me callo.
*Moby Dick (de Herman Melville) cuenta la historia de un capitán de barco, cuyo objetivo es vengar su pierna y todos los estragos causados por Moby Dick, un gran cachalote blanco.
Sí, "cachalote", no "chocolate".
La hora de relatar historias está a punto de llegar...
Pero hasta entonces, voy a explicar otro de los libros que he nombrado... Si es que cuando un personaje lee hay que darle profundidad, y lo que está leyendo es importante: si alguien se quiere reír, uno lee comedia; si alguien quiere enamorarse, uno lee romance; si alguien quiere sentir miedo, uno lee terror.
¡TODO ES FÍSICA! Vale, ya me callo.
*Moby Dick (de Herman Melville) cuenta la historia de un capitán de barco, cuyo objetivo es vengar su pierna y todos los estragos causados por Moby Dick, un gran cachalote blanco.
Sí, "cachalote", no "chocolate".


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