sábado, 24 de agosto de 2019

Sabor a chocolate - Capítulo 14



Capítulo 14
Cuatro tazas de chocolate

Ellen Foster:
¿Puede alguien decirme qué hago metida en una cafetería mientras Sarah le cuenta a Charly mi vida?
Es decir, se supone que íbamos a tomar un chocolate caliente. Pensé que nos pondríamos al día de cosas más normales. Como, por ejemplo, qué tal está su abuela, que hace tiempo que no la veo...
Vale, hablar de la abuela de tus amigas tampoco creo que sea un tema muy interesante que se diga. Por lo menos para ellas. Pero, de todas formas, ¿por qué tenían que hablar del día de la fiesta en concreto?
Desde que comenzaron a hablar, sabía a dónde querían llegar con esa conversación... Esperaba el momento con ganas de salir por la puerta y largarme, pero la lluvia del exterior y el chocolate caliente que tenía delante de mis narices me lo impedían.
Le di un sorbo a esa delicia de los dioses y atendí de nuevo lo que Sarah estaba narrando animadamente.
-Entonces, me percaté de que el chocolate estaba en peligro. ¿Te lo puedes creer? Ella estaba ahí, tan guapa, ¡sólo para comer chocolate!
-Jajajaj, no esperaba otra cosa de Ellen.

Sarah Driver:
Charly me atendía con atención; de vez en cuando soltaba comentarios y era típico de ella sacarnos una sonrisa cada vez que abría la boca. Ellen, en cambio, parecía estar hartándose de nosotras. Tenía la misma cara que un niño pequeño cuando se aburre y quiere volver a su casa. ¡Era para partirse!
-Fue en ese instante -continué -cuando cruzó una mirada con un chico con el pelo castaño.
-No, no, no. -Me detuvo inesperadamente la protagonista de mi relato.
-¿"No" a qué? -Preguntó Charly ante su silencio.
-¡Pues que no fue así! -Exclamó. Después de beber un poco de su tercera taza de chocolate, se dispuso a hablar. -Ejem. ¿Qué os parece si cambiamos de tema? ¿Qué tal está vuestra abuela...?
Las dos la miramos con cara de póker, a lo que ella suspiró, volteó los ojos y comenzó.
-Estaba leyendo mi maravilloso libro de bolsillo cuando Amber Owens, la persona más irritante y falsa de nuestro instituto (que era además la anfitriona de la fiesta), me interrumpió. Me preguntó por un tal Aaron Russel. Ese chico se encontraba en ese preciso momento detrás de la fuente de chocolate, a tres sillas de mí. Lo reconocí porque el último día de instituto le tiré un plato de ensalada encima.
-¡Madre mía, Ellen! ¡Tú eres la chica de la ensalada, entonces! -Exclamé tras haber escuchado su declaración, abriendo los ojos como platos. ¡Eso sí que no me lo esperaba!
-¡No estaba aliñada! -Trató de excusarse. Yo me reí. Menudo primer encuentro tuvieron esos dos... -Primera vez que voy a la cafetería en todo el curso... Y mira que acabó mal la experiencia... No pienso volver a ese lugar... -Murmuró. Charly nos miraba expectantes, con ganas de que siguiéramos contando la historia. Y así lo hizo mi compañera.
-El caso es que le dije a Amber que no lo había visto y se fue. Al no agradecerme la respuesta, hice un comentario y Aaron me contestó. Comenzamos a hablar y me pareció una persona interesante. ¿Sabéis la cantidad de prejuicios que tengo de la gente de ese tipo? Ese chico me demostró que estaba equivoca. ¡Nunca hay que juzgar un libro por su portada! -Dijo mientras señalaba la portada del libro que se estaba leyendo: viejo, desgastado (parecía haber sido leído mil veces); no tenía ni una imagen. Era simplemente una portada lisa, que en su momento fue de un vivo azul pero que había perdido el color con los años. Con letras plateadas, ponía "Moby Dick" (en grande) y, debajo (un poco más pequeño), el nombre de Herman Melville.
-Atenta eh, -le dije a mi prima – que incluso dejó de leer por él.
-Si eso no es amor, dime qué es. -Tras soltar eso por la boca, sentí que Ellen la lanzaba cuchillos con la mirada a Charly.
-¡¡No es amor!! ¡¡Charly, no seas tonta!! -Exclamó en respuesta.
-Bueno, bueno... -Contestó ella mientras cogía su taza de café. -¿Y qué pasó después?
-Él invitó a la chica que nunca había visto por los pasillos del instituto a dar un paseo por la enorme mansión y se perdieron entre las paredes de aquella casa. -Dije yo, ayudando a Ellen a dejar de contar la historia. Venga, vale, lo dije porque me emocioné.
-Uuuuuh... ¿Y dieron el paseo?
-Mmmm... Creo que yo ya me voy a ir -Anunció Ellen. -Acabo de recordar que tengo que hacer unos recados...
-Comprar chocolate no es un recado. -Dijo Charly como si todos esos años que no se habían visto no existieran y fuera evidente lo que su amiga iba a hacer. -Eso lo puedes hacer otro día, ahora quédate aquí sentada. -Añadió señalando el asiento del que se acababa de levantar.
-¿Y qué queréis que haga? Estáis aquí sentadas hablando de la vida de otra persona, ¡cuando esta persona está presente!
-Sí bueno, pero parece ser que esta mañana te has olvidado de contarme una parte muy importante, porque hoy has hablado con Aaron normalmente sin tratar de salir corriendo.
-Bueno... Ejemm... Quizás se me ha olvidado contarte una pequeña parte (casi sin importancia...).
-Eso significa que no te puedes mover de aquí. -Comentó Charly. - Luego nos lo vas a tener que contar.
Ellen no hizo ningún comentario. Removió la cuchara de su taza, ya terminada, y le pidió otro chocolate caliente a una camarera cercana. Hacía bien. Eso iba para largo.

Ellen Foster:
Aparté un poco la cuarta taza vacía y observé por la ventana. El exterior se encontraba bañado en lluvia. La gente caminaba deprisa: paraguas, abrigos, chubasqueros y botas de agua formaban el paisaje.
Me habría gustado en ese momento estar fuera de aquella cafetería, escuchando las gotas chocar con el suelo, formando esa música que tanto le gustaba a la mayor parte del mundo. Era curioso en realidad: una orquesta formada por un único instrumento podía producir sonidos tan distintos...
-¿No se está haciendo tarde? Deberíamos irnos antes de que empiece a llover más... -Intenté decir como excusa.
-No, mejor si esperamos a que pare de llover. ¿Ves allí a lo lejos...? -Me dijo Sarah señalando una parte lejana del cielo. -Se está aclarando. Bueno, ¿por dónde íbamos? -Continuó, volviendo al antiguo tema de conversación: MI VIDA.
-Ahhg... -Gruñí antes de rebuscar el marcapáginas entre las hojas de "Moby Dick". El libro que antes era más interesante que una clase de física y química, ahora lo era también de aquella conversación entre amigas.
Al cabo de un rato, la pantalla del móvil de Sarah se iluminó. Charly y yo la miramos con interés mientras cogía la llamada.
-¿Sí? ¿Qué pasa, mamá? ... Lo sé. Estoy con ella ahora mismo. ... Ya, a mí también me ha pillado por sorpresa, no te enrolles. ... ¿Qué os vais todos? ... Pero yo todavía estoy aquí, ¿por qué tengo que cuidar de Alice? ¿No es lo suficientemente mayor como para cuidar de sí misma? ... ¿Will y Charly también se van a quedar con nosotras? ¡Mamá! ¡Que Will tiene solo un año menos que nosotras, no va a pasar nada! ... ¡Además, está lloviendo mucho! ... ¡¿Cómo que eso no tiene nada que ver?! ... -Tras unos segundos, nos miró, apartándose el móvil de la oreja. -Me ha colgado. Ha dicho que tenemos que ir a cuidar de Alice a mi casa, porque nuestros padres se van a ir a cenar al centro de la ciudad. Al parecer, ninguno de ellos se fía de Will. Pero hay pizza en el congelador...
Observé a las dos, que se habían quedado sin ningún tipo de expresión. Sus ánimos habían caído en picado, como una barca en las cataratas del Niágara. Me temí lo peor: no quería verme involucrada en el usual plan maléfico de Sarah de dejarme cuidando a su hermana mientras ella se iba a dormir. Si Sarah lo había hecho alguna vez, veía a Charly capaz: esas dos primas piensan igual.
-Emm... Pues yo tenía que ir a comprar chocolate... Así que creo que voy a irme ya... -Dije mientras recogía mis cosas. Ellas seguían teniendo la mirada perdida. Me despedí (dejando el dinero de los chocolates calientes sobre la mesa) y salí por la puerta de la cafetería.
Me fijé en la hora: las siete y cuarto. Sonreí al saber que "La casa del Chocolate" aún no había cerrado. Y, mira por donde, ese día sí llevaba mi paraguas de color negro. Bueno, era el paraguas de mi padre. Lo había cogido porque era mucho más grande que el mío: perfecto para dos personas o para alguien que se niega a mojarse.
-I'm singing in the rain... -Canturreaba mientras caminaba hacia la tienda. Pronto, me encontré frente al escaparate que, sin poder evitarlo, hacía que me gruñeran las tripas. Cerré el paraguas y entré en la tienda, provocando el típico sonido de una campanita.
-Buenas tardes. -Dije con una sonrisa al ver los ojos de la mujer de siempre.
-¡Hola! -Me respondió antes de que me perdiera entre las estanterías de aquella tienda. -¿Ya se te han acabado las reservas del chocolate?
-Casi casi... Es mejor evitar que llegue el final... ¡Para eso estoy aquí! Dios mío, gracias por montar esta tienda. No sé qué sería de mí con la poca variedad de un supermercado... -Comenté mientras llenaba mis brazos de tabletas de chocolate de toda clase: blanco, con leche, negro, con sal, fresa, naranja, menta, caramelo, almendras... ¡Cómo podían existir tantos tipos y estar todos tan ricos!
Con la tarde que había pasado, aquello me animaba lo suficiente como para darme fuerzas a gastar lo que me diera la gana: un día era un día, ¿por qué no tirar la casa por la ventana? Con los brazos llenos, me acerqué al mostrador.
-Oh, vaya, ¿no vas a comprar ninguna tableta más? -Preguntó la mujer, a punto de echarse a reír. Supongo que era uno de sus pocos clientes que llegaba a la tienda para acabar con todo su inventario.
-Creo que hoy voy a necesitar una bolsa... -Indiqué mientras dejaba mi compra sobre la mesa.
-Me lo esperaba... -Respondió mientras sacaba una y me ayudaba a meter las cosas. -El total es de... -Saqué mi monedero y de este salió el único billete que había traído. Recibí las vueltas y cogí la bolsa, ahora llena.
-Gracias... Esto... ¿Cómo te llamas? -Le consulté con algo de timidez. Era extraño ver a alguien tan a menudo y no saber su nombre. Bueno, y lo que nos quedaba por vernos... Pensaba hacerme de esa tienda un cliente habitual, si es que no lo era ya.
-Marlyn, ¿y tú?
-Ellen.
-Pues encantada, Ellen. -Dijo mientras sonreía.
-Lo mismo digo, Marlyn. -Contesté con la misma expresión.
   Continuará...

Por muy extraño que suene, mi favorito es el chocolate con sal. ¡Está delicioso! 

En una ocasión que estaba con mis amigos, me compré una tableta y todos me miraron extraño al ver que era con sal. ¿A que no sabéis quién decidió compartir un poco? Les gustó bastante...

Yo, desde luego, no debí compartirlo. ¡Alguien que comparta su chocolate está demente! A pesar de que considero esa palabra como un adjetivo que me define, ¡he ganado algo con todo esto! ¡Compartirlo ha hecho que no me miren raro cuando compro chocolate con sal o incluso he conseguido que me regalen tabletas enteras!

Eso sí que son amigos, lo demás es tontería. 😁❤




jueves, 22 de agosto de 2019

Sabor a chocolate - Lista de personajes

LISTA DE PERSONAJES (HASTA EL MOMENTO)

Ellen Foster                             (La protagonista femenina).

Sarah Driver                            (La mejor amiga de Ellen).

Aaron Russel                           (El protagonista masculino).

Charlotte Barne                      (Prima de Sarah y amiga de Ellen).

Benjamin Teller                      (Amigo de Aaron y Cameron).

Cameron Parker                      (Amigo de Aaron y Benjamin).

Amber Owens                         (Anfitriona de la fiesta; algo irritante y falsa).

Alice Driver                            (La hermana pequeña de Sarah).

Rebecca Brown                       (Bibliotecaria y profesora de filosofía del instituto).

Anna Driver                            (Madre de Alice y Sarah).

Grace Smith                           (Enfermera del instituto).

William Barnes                       (El hermano pequeño de Charlotte).

Albert y Hans                         (Estudiantes de intercambio alemanes).

Marlyn Collins                        (Dependienta de la tienda del chocolate).



Sabor a chocolate: Cambio de nombres (ya realizado)

¡Hola, buenas! 

Si eres un nuevo lector, ¡bienvenido, gracias por leer esta historia! Puedes ignorar este aviso, que es de agosto del 2019.

Si eres un lector antiguo y te has hecho el lío con los nombres de los personajes: ¡bienvenido de vuelta, puedes leer este aviso! Verás, aunque es posible que ya te hayas dado cuenta, he cambiado los nombres de los personajes de esta historia. 

Algunas personas (como mi querida hermana), han insistido en que debería hacerlo y, al final, me ha parecido buena idea. Al fin y al cabo, creo que los nombres ingleses son más... conocidos mundialmente y son más fáciles de recordar y reconocer.

Para que no te líes y decidas abandonar esta historia (aunque también es posible que de todas formas lo hagas :'c), he preparado una lista con los nombres de todos (pero todos, todos) los personajes para que, en el futuro, no te resulte un lío averiguar quién es quién.

Si pierdo lectores después de cometer esta locura, solo quiero decir que siento mucho este lío. La verdad es que solo quiero estar conforme con lo que escribo e incluso a mí me va a facilitar las cosas este cambio.




LISTA DE PERSONAJES (HASTA EL MOMENTO)

Natsuki: Ellen Foster                         (La protagonista femenina).

Miyu: Sarah Driver                             (La mejor amiga de Ellen).

Yûki: Aaron Russel                            (El protagonista masculino).

Hikari: Charlotte Barne                     (Prima de Sarah y amiga de Ellen).

Sasuke: Benjamin Teller                    (Amigo de Aaron y Cameron).

Ren: Cameron Parker                        (Amigo de Aaron y Benjamin).

Kaori: Amber Owens                         (Anfitriona de la fiesta; algo irritante y falsa).

Umi: Alice Driver                              (La hermana pequeña de Sarah).

Aiko: Rebecca Brown                        (Bibliotecaria y profesora de filosofía del instituto).

Hana: Anna Driver                            (Madre de Alice y Sarah).

Aoi: Grace Smith                               (Enfermera del instituto).

Shizen: William Barnes                     (El hermano pequeño de Charlotte).

Bueno, y luego están Albert y Hans (los estudiantes de intercambio alemanes que aparecen en el tercer capítulo), que siguen siendo Albert y Hans.

También está Marlyn, la dependienta de la tienda del chocolate. Su nombre no llegó a aparecer en las versiones anteriores.



Siento las molestias... 😔


sábado, 17 de agosto de 2019

Sabor a chocolate - Capítulo 13



Capítulo 13
Libros clásicos

Ellen Foster:
Sí, mi intuición era correcta. Se puso a llover. Creo que pasé mucho, pero mucho, rato distraída, mirando por la ventana. Estaba en uno de esos momentos en los que lo olvidas todo y te centras en lo que tienes a tu alrededor. Pero no tardaron en volver a mi mente todo lo que me estaba ocurriendo recientemente.
Me centré en la clase por un momento. Repasábamos algo sobre la Ley de Newton, ley de la que ya había leído lo suficiente como para dejar de prestar atención en clase y volver a la lectura.
Estaba leyendo Moby Dick. Sí, era un libro aburrido. Pero me motivaba un hecho a seguir con la lectura: era más interesante que esa clase de física. Además, podía leer muchos libros, pero ¿por qué no los clásicos? Al fin y al cabo, si se llamaban “clásicos” era por algo. Un libro malo se habría perdido hacía años. Y, además, estaba dispuesta a crearme una opinión propia de esa historia.
Pasó un tiempo. Ignoro cuánto. El caso es que ese día fue distinto (cómo no, ¿por qué iba a narrarlo si no?). Algo lo cambió todo: una persona estaba parada frente a mi pupitre, mirándome con curiosidad mientras esperaba a que retirara mi vista de las letras del libro y me centrara en ella.
Miré al frente y, cuando vi que la mayor parte de los estudiantes no se encontraban en sus asientos, intuí que había sonado el timbre. Claro, que lo primero que me llamó la atención fueron los ojos de Charly.
-¡Ellen! -Me sonrió al verme y me dio otro abrazo. Fue acogedor, pero asfixiante. Pronto se apartó. -Dios, al parecer sigues perdiéndote en tu mundo fácilmente. Llevo aquí como cinco minutos sin que te des cuenta.
-¡Charly...! ¡Hoy podría haberme ocurrido cualquier cosa, pero no imaginé que volvería a verte! ¡¿Cómo que has vuelto a la ciudad?! ¡Hace años que no nos vemos!
-Bueno, mi familia se ha mudado por el trabajo de mi padre y como estábamos cerca del instituto de Sarah... ¡Aquí estoy!
-¡Qué bien! – Sentí que alguien me había dibujado una sonrisa en el rostro y fuera incapaz de borrarla. - ¿Sarah sabía que ibais a venir?
-No, era una sorpresa. La he visto esta mañana.
-¿Ya has visto todo el instituto? -Le pregunté. Si era nueva, al menos le gustaría conocerlo, ¿no?
-No del todo. Solo lo esencial. -Me contestó.
-Bueno, ¿te apetece ver algo más? -Cerré mi libro y lo dejé sobre mi mesa. Ella asintió en respuesta.
-¡A Sarah! -Exclamó.
-¿Pero no la has visto antes...? -Antes de dejarme terminar la frase, me vi siendo agarrada de la muñeca mientras tiraba de mí por el pasillo. No había cambiado nada en todos estos años.
En seguida, nos encontrábamos en la puerta de la clase del A (después de todo, estaba en la otra punta del pasillo, tampoco había que pasearse por todo el instituto...).
Charly entró emocionada y buscó a su prima con la mirada. Mucha gente se la quedó mirando, preguntándose quién era y, luego, algunas de sus miradas iban hacia mí, que me dediqué a mirar hacia abajo evitando cualquier tipo de contacto visual.
Exactamente... Mis zapatillas eran preciosas. Eran perfectas para poder observarlas en momentos tan incómodos como esos.
-Perdonad, ¿sabéis si está Sarah? - Les preguntó Charly a unos chicos que estaban sentados cerca de la entrada.
-¿Sarah? Ni idea. -Respondió uno de ellos. -¿Vosotros sabéis algo?
-Ah, creo que se ha ido al consejo con Aaron y Benjamin. -Sí, bien, perfecto. Aaron. Maravilloso. Podía ser cualquiera, pero ha tenido que ser él.
-¿Consejo? -Dudó Sarah.
-A la sala del consejo estudiantil. -Respondí. Ella me miró y me sonrió, aún un tanto dudosa. -Sí, a Sarah le gustan esos líos extraños... -En ese momento, odié la existencia del puesto de delegado que le había tocado desempeñar a mi mejor amiga.
-¡Wow! Mi prima es increíble... ¡Vamos para allá, Ellen!
Y, por supuesto, no esperó mi respuesta y, de nuevo, me vi siendo arrastrada hacia la sala del consejo estudiantil.
-Por Dios, Charly, ¿no decías que no conocías el instituto? ¡Pensé que solo habías visto lo esencial!
No recibí respuesta. Al final, me quedé plantada frente a la sala del consejo estudiantil. Sin poder decir nada, Charly llamó a la puerta y, tras escuchar un "adelante", la abrió.
Había mucha gente charlando, pero no lo suficientemente alto como para molestar a los demás. Mi vieja amiga se adentró en la sala sonriente y yo me oculté fuera.
-¡Charly! ¿Qué haces aquí? -Preguntó Sarah en cuanto la vio.
Eché un pequeño vistazo al interior de la sala, donde pude ver a nuestro profesor de literatura, que le preguntaba a un chico del curso por unos asuntos del viaje escolar.
Más o menos en el centro de la sala había unos chicos de un curso superior, hablando con otros dos profesores que no había visto nunca.
Sarah estaba sentada en uno de los escritorios más cercanos a la ventana, junto a un chico rubio (que supuse que sería el tal Benjamin), Aaron y un millón de papeles esparcidos por la mesa.
-¿Quién es, Sarah? -Preguntó Benjamin refiriéndose a la chica de pelo castaño, que sonreía tras haber encontrado a su prima.
-Es mi prima, Charly. -Aclaró ella, con su misma expresión. -Se ha mudado hace poco. Charly, estos son Aaron y Benjamin. Van a mi clase.
-Hola... -Dijo Aaron concentrado, sin dejar de leer unos papeles de la mesa.
-Encantado. -Añadió rápidamente Benjamin, el cual la miró a los ojos, dando a entender que no estaba tan ocupado como el anterior.
-¿Cómo sabías que estaba aquí?
-Ellen y yo hemos ido primero a tu clase a preguntar, luego hemos venido aquí. -Respondió Charly, mirando hacia atrás, donde no me encontró. -¡Ellen! ¿Qué haces?
Oh, por Dios, ¿voy a tener que poner un pie en la sala?
Aaron elevó la mirada de los folios, sorprendido, y yo suspiré y me adentré en la sala, intentando ocultar las vendas del brazo con la manga de mi camiseta.
-¡Hola Ellen! -Me dijo Sarah a medida que me acercaba. Estaba un tanto sorprendida, pero no tanto como yo pensé que estaría. Mi visita era algo extremadamente inesperado. Quizá incluso sobrenatural. Pero, al final, cambió de tema. -¡Dios santo! ¡Yo tampoco sabía que Charly se iba a mudar! ¿Sorprendida?
-No te lo puedes ni imaginar. -Contesté.
-Hacía tiempo que no estábamos juntas las tres, ¿eh? -Añadió Charly sonriente.
Yo imité su expresión.
Aaron y Benjamin nos observaban intentando encontrar un momento para, probablemente, entrar en la conversación.
-Nunca habías venido a verme al consejo, estoy tan feliz... -Me dijo al rato Sarah, fingiendo secarse una lágrima. Yo reí por su gesto.
-Tienes razón. Pienso que la biblioteca es un lugar más interesante que visitar... -Respondí.
-¿Este instituto tiene biblioteca? El del pueblo sólo tenía una sala de ordenadores viejos que casi no funcionaban. -Dijo Charly.
-¿La abuela ha venido con vosotros? -Le preguntó Sarah a Charly, a lo que empezaron a hablar de familia, un tema del que no estaba muy interesada o, siquiera, enterada.
Cuando Aaron vio que yo había comenzado a ignorar el tema de la conversación (a la cual no podía aportar nada), tuvo la oportunidad de hablarme.
-¿Qué tal están los cortes? -Me preguntó señalando sus propios brazos. Yo suspiré.
-No están mal. -Me descubrí un poco la manga y pudieron verse las vendas que cubrían los pequeños cortes. -Ya no me duelen. -Añadí tapándolos de nuevo. El chico suspiró aliviado, lo que hizo que Benjamin tuviera algo que decir.
-¡Ahí va! ¡Pero si eres la chica de ayer! -Exclamó. Eso me hizo recordar que, después de que Cameron llegase al pasillo de la ventana rota, apareció el chico rubio que tenía delante en ese mismo instante. -Ellen, ¿verdad? Estos futbolistas no tienen ningún tipo de cuidado, ¿eh?
-Uf, habla por ti. -Farfulló Aaron. -Si no fuera porque eres el presidente del consejo estudiantil, serías otro “futbolista descuidado” más. Pero de todas formas – dijo, cambiando de tema y comenzando a dirigirse a mí directamente - al club de fútbol se le están acabando los fondos de tanto romper cristales, así que a partir de ahora han decidido tener mucho más cuidado. -Añadió Aaron. Me reí.
-¿Sólo por los fondos? -Pregunté entre risas.
-Eso parece ser lo único que anima a esos idiotas a no cometer estupideces... -Respondió.
Me percaté de que Sarah me miraba de reojo con una sonrisa pícara mientras seguía hablando con Charly. Suspiré.
-Bueno... ¿Sarah y tú os conocéis? -Preguntó Aaron con una expresión que no pude leer. Parecía extrañado. Estaba a punto de contestar, cuando Sarah se adelantó.
-Por supueeeesto, somos amigas de toooooda la vida. -Puso un tono extraño, forzado, como si estuviera exagerando el asunto intentando hacerle entender a Aaron que yo era la chica de la fiesta. O eso me pareció. Quizá estaba siendo paranoica o egocéntrica. -Si no la habíais conocido antes -añadió -, es porque a ella no le da la gana relacionarse con nadie.
-Bueno, esto... yo... tengo que ir a la biblioteca... -Al haber puesto esa excusa, me dirigí al exterior de la sala.
-Pero si el recreo está a punto de acabar... -Dijo Charly, antes de que yo cruzara el marco de la puerta y la cerrara a mí paso.

Charlotte Barnes:
Madre del amor hermoso, pero ¿cómo podía haber tantos dioses en un instituto? ¡En mi pueblo los chicos guapos se limitaban a ser uno y medio!
El chico que estaba más ocupado miró hacia la puerta (por donde Ellen acababa de desaparecer) y volvió a sus asuntos.
Su pelo castaño, sus ojos marrones, la forma de su cara, sus labios... ¡Incluso su nariz era bonita! En cambio, el otro era rubio y con ojos claros, ¡Incluso parecía un extranjero! Le pegaría llamarse Apolo... Un nombre digno de un dios como él. O quizá Adonis o Narciso, personajes hermosos, por cierto…
-Ellen sigue igual de tímida, ¿eh? -Comenté mirando a Sarah.
-Síp. Al menos se ha vuelto algo más expresiva. -Respondió Sarah riendo.
-Tienes razón, antes era como una especie de estatua... - Comenté. Busqué las palabras para preguntar sobre temas en los que, probablemente, no debía meter las narices. -¿Cómo...? ¿Cómo está por lo de su madre? -Charly me miró y suspiró.
-La verdad es que no tengo ni idea... No habla mucho al respecto... -Respondió ella. -La última vez que pronunció la palabra "madre", lo hizo para ponerse un vestido que le perteneció a ella, para la fiesta de Navidad que dio una chica del instituto.
-¡Una fiesta! ¡Yo también quiero ir a alguna! ¿Hay fiestas a menudo? -Sarah miró al tal Aaron, que tenía una expresión que no supe leer. Al final, negó la cabeza.
-De todas formas, esa es la primera fiesta a la que ella ha ido en su vida...
El sonido del timbre dio punto y final a nuestra conversación.
-¡¡¡No!!! ¡No he terminado, y lo tengo que entregar esta tarde! -Gritó el chico de pelo castaño volviendo su atención a sus papeles.
-Eso te pasa por no haberlo hecho anoche. -Respondió el otro.
-¡Ya te dije que estaba ocupado con la tienda! Podrías haberme dejado el tuyo y no habría pasado nada...
-Puede, pero me gusta ver como sufres. -Dijo con una sonrisa maliciosa el chico que se llamaba... Benjamin, ¿no? Ese nombre era bastante pobre en comparación a los que yo le había puesto. Apolo fue el que puso esa sonrisa maliciosa, no "Benjamin"...
-Me voy yendo a clase. -Le dijo Sarah a sus compañeros.
-Adiós. -Me despedí de ellos y seguí a mi prima por los pasillos.
-El de pelo castaño se llamaba Aaron, ¿no? -Le pregunté mientras nos alejábamos de la sala.
-Sí.
-Parece un chico interesante... ¿Le gusta Ellen? ¿O viceversa?
-Jajajaj. No tengo ni idea… A ver, Ellen… es Ellen. Tiene menos idea que yo. Y, bueno, a él le gusta el lado "Cenicienta" de Ellen, eso sí. -Miré a Sarah extrañada.
-¿Cenicienta? -Pregunté. -¿No es esa la de los zapatos de cristal?
-Sí, solo que Ellen no dejó atrás nada. Ni un zapato... -Respondió ella. -Aunque si lo hubiera hecho, la habría encontrado fácilmente. ¡Tiene el mismo tamaño de pies que Alice! Por dios... -Murmuró. Yo me reí. -¡Bueno! El caso es que es una laaaarga historia… De hecho, al parecer le ha ocurrido algo que me tiene que contar. Esta mañana me dejó a medias.
-Uh, me gustan las historias. Y, ¡mira qué casualidad!, tengo tiempo después de la escuela.
-¡Yo también! Impresionante...
Nos miramos por un momento y ya sabíamos exactamente qué íbamos a hacer.
-Hay una cafetería que tiene muy buena pinta cerca de mi casa. -Dije mirando a Sarah.
-Buena idea. Recuerda decirle a Ellen de tomar chocolate caliente en vez de café, ya sabes que “chocolate” siempre ha sido la palabra clave.
-Ok. Nos vemos luego. Espéranos cuando salgas. Si funciona, te mando un mensaje. -Le dije mientras Sarah se metía en su clase y yo me dirigía a la mía.

Aquella iba a ser una tarde interesante.
   Continuará...

¡MUAJAJAJA!
La hora de relatar historias está a punto de llegar...
Pero hasta entonces, voy a explicar otro de los libros que he nombrado... Si es que cuando un personaje lee hay que darle profundidad, y lo que está leyendo es importante: si alguien se quiere reír, uno lee comedia; si alguien quiere enamorarse, uno lee romance; si alguien quiere sentir miedo, uno lee terror.
¡TODO ES FÍSICA! Vale, ya me callo.

*Moby Dick
(de Herman Melville) cuenta la historia de un capitán de barco, cuyo objetivo es vengar su pierna y todos los estragos causados por Moby Dick, un gran cachalote blanco.


Sí, "cachalote", no "chocolate".





Sabor a chocolate - Capítulo 12



Capítulo 12
Unos ojos familiares

Sarah Driver:
-¡¿Qué te ha pasado?! -Le pregunté perpleja a Ellen cuando la vi con los brazos enrollados con vendas. Íbamos en dirección al instituto, como cualquier otra mañana. Solo que esa mañana no era como cualquier otra, pues ella parecía estar convirtiéndose en una momia.
-Es una larga historia... -Me respondió. Yo la miré, impaciente y, a la vez, preocupada.
-¿Y por muy larga que sea no me la vas a contar? -Le dije.
-No va a dar tiempo. Ahí está el instituto. -Dijo señalando el edificio que una vez fue blanco, pero que había ido cogiendo un tono grisáceo con los años. -Si te la cuento, me voy a alargar y vamos a llegar tarde a clase o te vas a quedar igual que yo cuando tengo que dejar de leer por un rato. -La miré extrañada. -Con ganas de saber más. -Continuó, ayudándome a comprender lo que había dicho.
Suspiré y observé el edificio.
-Al menos dime algo para que no me preocupe.
-No te preocupes. -Me respondió ella con sarcasmo. Yo la miré y puse los ojos en blanco.
-Maldito instituto... -Murmuré lo suficientemente alto como para que se riera.
A los minutos, nos despedimos y yo entré en mi clase, la cual a esas horas solía estar completamente vacía. No sé cómo es capaz la gente de llegar, siempre, segundos antes que el profesor. Si yo me propusiera hacer eso, llegaría tarde siempre. 
Pero esa vez, la clase no estaba vacía. Dentro encontré a una chica con el pelo castaño claro, muy largo, sentada sobre uno de los escritorios. Miraba a través de la ventana, pero se giró al escucharme y sus ojos marrones se encontraron con los míos.
-¡¡Sarah!! -Exclamó al verme. 
-¿¡¡Charly!!? ¡¿Pero qué haces aquí?! - Pregunté extremadamente sorprendida. Aquella chica no era de mi clase; ni siquiera era el instituto. Llevaba un uniforme, sí, pero no entendía el porqué de aquello. En teoría, por lo menos con mis conocimientos, en ese instante tendría que estar en su pueblo, a kilómetros de aquí. 
-A mi padre lo han transferido a trabajar aquí, y a mi madre le pareció buena idea que Will y yo vengamos al mismo instituto que tú. ¡Todos queríamos que fuera una sorpresa! -No sé qué cara puse al respecto, pero solo sé que mi sonrisa debía ocupar, por lo menos, la mitad de mi cara.
Elevé los brazos y la miré, aún sonriente.
-¡Dios mío! ¡Dame un abrazo! -Dije. Aún no daba crédito a lo que estaba ocurriendo. -¡Madre del amor hermoso! ¡Hacía años que no nos veíamos!
-¡Sí! ¡Te ha crecido muchísimo el pelo! -Me respondió feliz.
-¿En serio? ¿Eso es en lo primero que te fijas? ¡A ti también! Jajaja... -Me separé de ella y la miré bien. Había crecido un montón. La última vez que nos vimos fue hace, aproximadamente, cinco o seis años. -¿Vas a estar en mi clase? -Le pregunté cuando hube procesado toda la información que me acababa de dar.
-No... Estoy en el D, pero supe que tú eras del A y te vine a saludar. 
-En el D está Ellen. 
-¿Sí? ¡Increíble!¡No pensaba que seguiríais siendo amigas!
-Jajaja, ¡lo seguimos siendo! ¿Cómo no voy a ser su amiga? 
-Jo, ¡qué bien! 
Cuando teníamos seis años, vivíamos todos, tanto mi familia como la suya, en un pueblo cercano a la costa, pero cuando mi madre encontró trabajo, nos mudamos a la ciudad. Concretamente, a esta ciudad. Fue entonces cuando me separé de Charly, con la que había ido siempre a la escuela.
En mi nuevo colegio me llevaba muy bien con mis compañeros. Ahí conocí a Ellen. Solía llevar libros sin dibujos, era muy seria y nunca hablaba con nadie. Un día le hablé con una de las sonrisas falsas que siempre ponía para caerle bien a todos. ¿Que por qué era así? ¿Que a qué venían todas esas sonrisas falsas? ¡Respuesta sencilla! Pensaba que, si quería llevarme bien con todos, no podía ser tal y como era. Ella tan solo me miró y dijo: "No hace falta que siempre mientas al sonreír. Por lo menos, conmigo. Es mejor si sonríes cuando quieres."
En ese tiempo su madre estaba muy enferma y ya no había esperanzas de que le quedara mucho tiempo de vida. Lo supe tiempo después, pero me hizo entender el origen de toda esa… seriedad.
Ella fue la primera persona en ver a través de mí y, gracias a ella, comencé a mostrarme tal y como era. Bueno, y aquí estamos, ¡es mi mejor amiga!
Algunos veranos, Charly solía venir a visitarnos e hizo muy buenas migas con Ellen. Pero hacía años que no nos veíamos y no creo que Ellen la recuerde muy bien... Al fin y al cabo, a ella no se le da muy bien memorizar nombres. ¿Por qué se le quedaría el rostro de una vieja amiga?

Ellen Foster:
Me gustaba mi asiento. No solo porque no estaba ni demasiado atrás ni demasiado cerca, sino también porque estaba al lado de la ventana. Las vistas podían ser mejores: toda la ciudad, un enorme parque o, sencillamente, el cielo. Pero, en cambio, teníamos la parte trasera del instituto, un enorme edificio viejo y un árbol cuya frondosa copa podía ser la inspiración de un corta relato de terror. Pero yo me sentía conforme con ese lugar. ¿Mis razones? Estaba a la suficiente distancia de la pizarra como para enterarme de una explicación interesante y, también, como para poder sacar un libro en cualquier momento sin que me vieran.
Sonó el timbre y entró el profesor de inglés en la clase, haciendo que todos corrieran para llegar a sus asientos. 
-¿Pero no tocaba lengua? -Preguntó uno de mis compañeros.
-¡Es verdad! -Dijo otro. En ese momento, recordé que nuestro profesor de inglés era también nuestro tutor.
-A ver, callaos ya. -Dijo suspirando. Si tan poco le gustaba su trabajo, ¿por qué no se dedicaba a hacer otra cosa? Se sentó en su silla y dijo:
-Hoy ha llegado una nueva alumna a nuestra clase. Llevaos bien con ella y...
En ese momento dejé de escuchar y miré por la ventana. El azul que uno imagina al escuchar la palabra "cielo" era completamente inexistente en ese momento. Más bien, ese cielo parecía una cúpula gris. ¿Llovería pronto...?
Volví mi vista al libro que tenía entre las manos y, cuando me iba a envolver de nuevo en la historia, empezó a sonar un barullo de comentarios. Algunos decían "qué guapa", otros "¿de dónde vendrá?". Pero el hecho de que todos se refiriesen a una tercera persona llamó mi atención. Miré al frente y me encontré con unos ojos familiares. 
-¡Hola! Me llamo Charlotte Barnes. Podéis llamarme simplemente Charly. Espero llevarme muy bien con vosotros. Soy la prima de Sarah Driver, del A. Creo que ya algunos la conocerán... 
Me quedé completamente desconcertada y me vino a la mente la imagen de una chica de ocho años con el pelo corto y castaño. No sé qué tipo de expresión tendría en ese momento, pero apostaría que estaba con la boca abierta.
-Bueno, hay un sitio vacío ahí. -Dijo el profesor señalando uno justo al frente de la clase. Charly puso una mueca, pero su sonrisa volvió rápidamente a su rostro. Sí, siempre había sido una chica muy sonriente. Se notaba que Sarah y ella eran de la misma sangre. Pero solo por su forma de expresarse, pues físicamente no se parecían en nada. -Siéntate cuando quieras. Y vosotros presentaros poco a poco, que se acostumbre a los nombres. Viene de un pueblo muy lejano y no estará acostumbrada a este lugar... Voy a avisar a la profesora de lengua e, igualmente, vais a tener clase, ¿vale?
La mayoría asintieron con la cabeza y otros, como yo, lo ignoramos. Estaba inmersa en mis pensamientos. ¿Qué hacía Charly ahí? 
No pude resistir mi tentación. Me levanté de un golpe, lo que captó la atención de la mayor parte de la clase, y me acerqué a su asiento.
-¡¡Dios santo, Charly!! -Exclamé sin siquiera pensar en dónde estaba. -¿Qué haces aquí? ¡Hace muchísimo que no nos vemos! ¿Me recuerd...? -No pude ni terminar la frase cuando me respondió.
-¡¡Ellen!! ¡Te he echado muchísimo de menos! - Me respondió con una enorme sonrisa. -¡Anda! ¡Dame un abrazo! -Dijo extendiendo sus brazos. Sonreí y la envolví a ella en los míos.
-¡Por Dios, cómo te ha crecido el pelo! -Realmente, la comparabas con su yo de siete años y había cambiado un montón.
-¡Tú sigues con tu pelo recogido! -Dijo señalando mi peinado.
Escuché muchos murmullos. "¿La conoce?" "Qué raro que conozcan a Ellen...".
Sí, era extraño que me conocieran. Pero, al fin y al cabo, ya no sabía qué esperar. ¿Una noticia que diga que los dinosaurios no están extintos? ¿Que me cuenten que hay unicornios en Australia? Ese año se estaba volviendo cada vez más raro...
   Continuará...

¡Wow! ¿Quién iba a imaginarse que "Charly" sería la prima de Sarah? ¿Qué podrá significar la existencia de este personaje en el futuro de la historia...?
Muchas preguntas, pero las respuestas solo pueden encontrarse en el futuro de esta historia...
Ok, no.