lunes, 2 de septiembre de 2019

Sabor a chocolate - Capítulo 15



Capítulo 15
Casualidad o destino

Ellen Foster:

Cerré el libro y me quedé embobada, pensando en lo que acababa de ocurrir. ¿A qué tipo de autor se le ocurría terminar un libro de esa forma? Suspiré y me levanté del sofá de mi casa, que en ese momento no estaba tan silenciosa como de costumbre. Mi padre hoy había salido temprano de trabajar, solo que aún tenía que atender unas llamadas. Yo, en cambio, me había pasado toda la tarde leyendo sin darme cuenta del pasar de las horas, los minutos, los segundos... Casi iba siendo la hora de que cenáramos.

Pero en vez de ponerme a cocinar, me dirigía a una de las estanterías de mi padre. En esa casa teníamos una pequeña televisión: no era muy vieja, pero era pequeña. Era perfecta, pues solo la usábamos para ponernos los CD's que teníamos guardados en los cajones que había en uno de los estantes.

Ese salón no tenía ni una sola fotografía. Había cuadros: paisajes, un retrato de mis abuelos y un jarrón de girasoles (la copia del cuadro de Van Gogh). Pero una cosa que sí tenía en abundancia eran estanterías llenas de libros. No había una sola habitación en toda la casa que no tuviera estanterías con libros. Quiero decir, ¡había libros hasta en el baño!

Guardé Moby Dick en una de las bibliotecas, devolviéndolo así a su lugar, junto al resto de los libros de color azul. A mis padres les encantaba leer y fue mi madre la que decidió ordenar los libros por colores. Ese tipo de cosas le encantaban a mi madre.

Recorrí el resto de las estanterías hasta llegar al color marrón. Había un libro que estaba como nuevo: aún envuelto en un plástico que indicaba que nadie lo había leído. Lo saqué y observé el título: Jane Eyre, de Charlotte Brontë. Dudé en si cogerlo o devolverlo a su lugar. Al final, fue irresistible: me gustaba mucho cómo olían los libros nuevos, además de esa sensación de ser la primera persona que pasaba sus páginas.

Lo dejé en la mesilla baja que había frente al sofá y me dirigí a la cocina, donde comencé a preparar nuestra futura cena: una deliciosa ensalada. Pero me sorprendí al ver la falta de algo en los armarios de la cocina: no había comprado chocolate caliente. Esa tarde me había empachado a él en la cafetería, pero nunca me cansaba de ese sabor. Nunca, nunca, nunca. Y era necesario para mis reservas. Suspiré al saber que al día siguiente tendría que volver a ir a la tienda: era algo que en verdad no me importaba, pero era decepcionante saber que lo iba a hacer por un despiste.

Bostecé. Algo que tenía seguro era que ese día no me iba a acostar tarde. No podía hacer caso a la tentación de comenzar a leerme el libro. Si me lo leía, a la mañana siguiente me manifestaría como un muerto viviente. Y mis ganas de parecer un personaje de The Walking Dead eran nulas.


Cameron Parker:

Acabábamos de salir del entrenamientos de fútbol. Estaba bastante cansado: después de todas las vacaciones sin jugar, no estaba acostumbrado del todo a los entrenamientos usuales. Pero lo extraño de esa situación en ese exacto momento era el chico que me miraba impaciente, intentando sonsacarme respuestas.

-Aaron, ya te he dicho mil veces que no te voy a decir nada. Y Ben tampoco. -A este último se lo había contado hacer unos cuantos días. Era aburrido si me divertía yo solo de la situación en la que se había metido este. -Si Sarah me lo ha pedido...

-¡Ya, ya lo sé! ¡Pero si se lo has contado a Ben, ¿por qué no a mí?! ¡Es que son demasiadas coincidencias! ¡Ya es extraño! Pelo negro, ojos verdes y unas tremendas ganas de ir a la biblioteca. ¿Protagonista de un rumor reciente? Lo es, desde luego. ¿Del mismo curso? También. ¿Amiga de Sarah? Ya lo ha confirmado ella misma. Y, encima, lo ha dicho con un tono que insinuaba algo, estoy seguro de ello. ¡Dijo que Ellen fue a la fiesta! ¿Le gustará leer? ¿El chocolate? -Suspiré. Cuando ese chico se pone a hablar demasiado, no hay quien lo calle. -En nuestro primer encuentro en la cafetería, me pareció que su cabeza no estaba llena de aire, así que si Ellen Foster es la chica que estoy buscando, no sé cómo reaccionaré...

-¿Te decepcionarías? -Pregunté con un poco de duda. Él se rió sarcásticamente.

-Ja, ¿decepcionarme? ¡Lo decepcionante es seguir teniendo la duda de quién es! ¡Por Dios, solo quiero encontrarla! Sea borde, una mala persona o aunque no quiera saber nada de mí después de lo de la fiesta. -Aún no teníamos ni idea de qué había pasado en la fiesta. Pensábamos que le había dicho algo ofensivo. Él a veces no mide bien sus palabras, por lo que no me extrañaría.

-Si estás tan seguro de que es ella... ¿Por qué no le preguntas? -Dije mientras le daba palmaditas en la espalda. El chico suspiró. Era un poco más alto que yo, solo que a veces parecía mi hermano pequeño. Bueno, y viceversa. Solíamos turnarnos la inmadurez.

-Lo cierto es que no pensé que la encontraría tan fácilmente. Si es ella, digo.

-Agradéceselo a la prima de Sarah. Al parecer, fue la que trajo a Ellen a rastras.

-¡Hey chicos! -Ben acababa de aparecer. -Os estaba esperando. ¿De qué habláis?

-De la prima de Sarah. -Respondió rápidamente mi amigo.

-Ah, esa chica de pueblo.

-Es guapa, ¿verdad? -Dijo Ben, lo que ayudó a que tanto Aaron como yo pusieramos los ojos en blanco.

-Si tiene la misma genética que Sarah, lo será...

-A ver, serlo, lo es. -Repitió Ben. -Como casi todas las chicas. Si os fijáis en cambio en los chicos, la fealdad es más abundante. Una mujer, en cambio, siempre tiene algo bonito. Desde sus labios hasta su nariz o sus ojos. Pero luego podéis ver a alguien como Cameron y pensar: "¿de dónde ha salido este orco de Mordor?". -Suspiré hondo un par de veces.

-Narciso, algún día vas a caerte al lago y te vas a morir por no saber nadar. -Dije mirando por dónde caminaba. Mientras tanto, Aaron se descojonaba.

-Jajajajajaj, por Dios... No puedo... Jajajajajaja... -De alguna forma, Ben y yo también nos comenzamos a reír. La risa de Aaron era casi tan contagiosa como la de Sarah... ¿Por qué no podía dejar de pensar en ella? ¡Incluso me parecía verla por todas partes! ¡Pero literalmente, en aquel momento me parecía estar viéndola!

-Hey, ¿esa no es Sarah? -Preguntó Ben.

-Eso me lo estaba pareciendo. -Dijo Aaron.

Sus afirmaciones me aliviaron un poco. Al menos sabía que no me estaba volviendo loco. Pero mi nerviosismo volvió cuando Aaron gritó su nombre. Un total de cuatro personas se giraron a vernos: ella, una chica morena con el pelo bastante largo, una niña pequeña que parecía una copia exacta de Sarah y... ¿quién era ese tipo? Su pelo era oscuro y lo tenía tan peinado que me recordó a Ben. Bastante superficial, parecía, además de mujeriego. No me cayó bien a simple vista. Por supuesto, esa primera impresión no estuvo marcada por el hecho de que fuera guapo y estuviera con Sarah. Por. Supuesto.

-¡Anda! ¡Hola! -Dijo ella con una sonrisa en cuanto nos vio. -¿Qué hacéis aquí?

-Nosotros acabamos de salir de la práctica. -Dije señalándonos a Aaron y a mí. -Y este... La verdad es que no tengo ni idea de por qué ha salido tan tarde del instituto.

-Wow, no sabía que terminabais tan tarde la práctica. -Añadió.

-¿Este es Cameron? -Preguntó la chica morena. Parecía conocer a Aaron y a Ben. Sarah asintió y la otra chica sonrió. No sé qué tipo de sonrisa fue, pero me dio un pequeño escalofrío. -Me alegro de conocerte. He oído hablar mucho de ti... -Mmm... Tampoco sé cómo debería tener eso en cuenta. -Yo soy Charlotte, pero me puedes llamar Charly. Lo mismo os digo a vosotros. -Añadió dirigiéndose a mis amigos.

-Hola. -Respondí un tanto nervioso. Al fin y al cabo, había otras dos personas mirándome. Más bien, examinándome. La niña pequeña debía de ser la hermana de Sarah, si no me equivocaba. Por lo que debía llamarse... -¿Tú eres Alice? -Le pregunté. Ella sonrió y me sentí un tanto aliviado. 

-Así es. ¿Cómo sabes mi nombre?

-Sarah lo ha dicho alguna vez. -Respondí elevando los hombros con indiferencia.

-Mmm... Me caes bien. -Dijo. Yo le sonreí al saberlo. "Es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad" el hecho de caerle bien a la hermana pequeña de la chica que te gusta. -Él en cambio es un idiota. -Dijo señalando al chico de pelo negro, que parecía seguir examinándome. Cuando su mirada cruzó con la mía, sonrió.

-¡Ella no sabe lo que dice! Soy un amor de persona, que os lo diga Charly... -Eso solo hizo que esta última volteara los ojos. -Bueno, pues que os lo diga Sarah. -Ella negó con la cabeza.

-Él es Will, mi hermano. -Dijo Charly. Yo seguí mirándolo un poco mal. Tenía más o menos nuestra edad. Parecía un tanto egocéntrico. Pero podría ser encantador, inteligente, interesante... Quizá Sarah podría acabar con alguien como él... ¿Estarían saliendo? Si era así, ¿desde cuándo? ¿Antes o después de la fiesta? ¿Por qué ella no lo había dicho antes? Madre mía, ¿de verdad todo eso iba a terminar ahí?

-Hey, ¿te ocurre algo, Cameron? -Preguntó Sarah. ¿Me estaba poniendo pálido o algo parecido? Me veía capaz, pero bueno.

-Estoy bien, tranquila. -Respondí tratando de mirarle a los ojos con una sonrisa. Ella retiró la mirada. Oh, Dios, ayúdame, dime que no me odia.

-Alice, Will -dijo - ellos son Benjamin y Aaron. Y ya habéis oído el nombre de Cameron. Alice es mi hermana pequeña y Will y Charly son hermanos. Entre nosotros, somos primos.

-¿Qué? -Dije, sorprendido. En ese momento, la palabra "primos" me gustaba más que cualquier otra en todo el diccionario. Todos se me quedaron mirando ante mi reacción y traté de recuperar mi compostura. Misión imposible: no podía evitar sonreír.

-Bueeeeeno... ¿y vosotros que hacéis por aquí? -Preguntó Ben al comprender la causa de mi felicidad. Ese tío a veces me salvaba de las peores situaciones.

-Resulta que nuestros padres han decidido irse a cenar a la ciudad y, supuestamente, nos habían dejado pizza en el congelador. Pero al final ha resultado que lo que nos habían dejado no era pizza, sino dinero para ir a cenar por ahí. -Dijo Charly mientras jugueteaba con dos de las pulseras que tenía en la muñeca derecha. Entonces, esa era la prima de Sarah, ¿eh? No era tan guapa como ella, pero sí que era guapa, como bien había dicho Ben hacía tan solo un rato. Sería cuestión de genética.

-Mejor que nos hayan dejado salir de casa. -Comentó Alice. -Me gusta más comer fuera.

-No es para nada mejor. Yo prefiero estar en casa calentito. Por lo menos con este frío. -Dijo Sarah. Eso me lo apunto mentalmente. Es una valiosa e importante información.

-Estoy de acuerdo. -Dijo Aaron. -Y mejor si es con...

-Déjame adivinar. -Dijo Charly. -¿Con un chocolate caliente? -Aaron la miró y asintió, lo que hizo que Charly y Sarah comenzaran a reírse. Supe exactamente en lo que estaban pensando: a Ellen le encanta el chocolate, ¿no es así? Al principio pensaba que Aaron y Ellen no hacían buena pareja, por lo que acepté que lo de "los opuestos se atraen" tenía lugar en esa posible relación... Pero poco a poco comenzaba a entender qué tenían en común esos dos, y podía decir que no eran tan opuestos como pensaba en un principio. Aaron no parecía comprender nada de lo que ocurría, al final, suspiró.

-Bueno, creo que va siendo hora de que vuelva a casa. Mi madre estará preocupada. ¡Hasta mañana!-Dijo Yûki mientras se alejaba en dirección hacia el camino más corto.

-Yo igual. Adiós... -Respondió Ben.

-Pues nada... Nos vemos mañana. -Dije sin saber bien si referirme a las dos primas o a los tres. El caso es que, tras escuchar las despedidas por su parte, seguí a mis amigos por donde se habían ido.


-¡Ah! Siento como si me hubiera encontrado con un ángel de camino a casa... -Ellos pusieron los ojos en blanco.

-El amor te vuelve estúpido. -Dijo Ben. -Estoy seguro que es la causa de tu locura. ¡Fue en el primer momento en el que viste a Sarah cuando nació la razón por la que no me pienso enamorar en la vida! ¡Deberíais seguir mi ejemplo! -Añadió entre risas.

-Ben, el amor te vuelve estúpido, pero también feliz. -Respondí todavía con la tonta sonrisa que se me había quedado al ver a Sarah.

-Madre mía. Yo sí que parezco el único cuerdo en esta relación. -Dijo Aaron. Entonces, señaló a Ben. -Tú eres excesivamente racional y tú -esta vez me señaló a mí. -completamente romántico. Uno regalando rosas y otro pensando en las locuras que está cometiendo.

¡Si yo era el que regalaba rosas, me parecía perfecto! ¡Uno vive más feliz cuando no lo piensa todo! Yo, por lo menos, era así mucho más feliz. Y pensaba seguir estando así. Además, ¿quién puede elegir si enamorarse o no? Porque estaba seguro de una cosa: Ben algún día se enamoraría. Fuera de quien fuera, estaba seguro de que lo haría.
   Continuará...

¿Tú dirías que eres más racional o romántico? Yo me considero una romántica empedernida... ¿Qué se le va a hacer? Por lo demás, traigo unas cuantas explicaciones:

*Jane Eyre, de Charlotte Brontë, es un libro que cuenta la historia de una huérfana. Después de pasar su infancia en un orfanato, es capaz de iniciar su trabajo como institutriz en Thornfield Hall. Bueno, y ocurrió mucho más, pero tampoco voy a venir aquí revelando el final de los libros. Aunque sería divertido. ¡Romeo y Julieta se murieron! Ay, qué bien sienta... Aunque ahora me siento triste.

*The Walking Dead una serie post-apocalíptica de muertos vivientes. Yo antes de verla no estaba nada interesada en el tema. Fue por la insistencia de mi hermano que me vi la serie completa. ME ENCANTÓ.

*"Es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad" es lo que dijo Neil Armstrong antes de convertirse en el primer astronauta en pisar la Luna. Me gusta la frase porque se puede usar en una gran cantidad de situaciones. Aunque claro, después, los que te han escuchado decirla te miran raro.

P.D: La chica de la imagen es, supuestamente, Charly. 



sábado, 24 de agosto de 2019

Sabor a chocolate - Capítulo 14



Capítulo 14
Cuatro tazas de chocolate

Ellen Foster:
¿Puede alguien decirme qué hago metida en una cafetería mientras Sarah le cuenta a Charly mi vida?
Es decir, se supone que íbamos a tomar un chocolate caliente. Pensé que nos pondríamos al día de cosas más normales. Como, por ejemplo, qué tal está su abuela, que hace tiempo que no la veo...
Vale, hablar de la abuela de tus amigas tampoco creo que sea un tema muy interesante que se diga. Por lo menos para ellas. Pero, de todas formas, ¿por qué tenían que hablar del día de la fiesta en concreto?
Desde que comenzaron a hablar, sabía a dónde querían llegar con esa conversación... Esperaba el momento con ganas de salir por la puerta y largarme, pero la lluvia del exterior y el chocolate caliente que tenía delante de mis narices me lo impedían.
Le di un sorbo a esa delicia de los dioses y atendí de nuevo lo que Sarah estaba narrando animadamente.
-Entonces, me percaté de que el chocolate estaba en peligro. ¿Te lo puedes creer? Ella estaba ahí, tan guapa, ¡sólo para comer chocolate!
-Jajajaj, no esperaba otra cosa de Ellen.

Sarah Driver:
Charly me atendía con atención; de vez en cuando soltaba comentarios y era típico de ella sacarnos una sonrisa cada vez que abría la boca. Ellen, en cambio, parecía estar hartándose de nosotras. Tenía la misma cara que un niño pequeño cuando se aburre y quiere volver a su casa. ¡Era para partirse!
-Fue en ese instante -continué -cuando cruzó una mirada con un chico con el pelo castaño.
-No, no, no. -Me detuvo inesperadamente la protagonista de mi relato.
-¿"No" a qué? -Preguntó Charly ante su silencio.
-¡Pues que no fue así! -Exclamó. Después de beber un poco de su tercera taza de chocolate, se dispuso a hablar. -Ejem. ¿Qué os parece si cambiamos de tema? ¿Qué tal está vuestra abuela...?
Las dos la miramos con cara de póker, a lo que ella suspiró, volteó los ojos y comenzó.
-Estaba leyendo mi maravilloso libro de bolsillo cuando Amber Owens, la persona más irritante y falsa de nuestro instituto (que era además la anfitriona de la fiesta), me interrumpió. Me preguntó por un tal Aaron Russel. Ese chico se encontraba en ese preciso momento detrás de la fuente de chocolate, a tres sillas de mí. Lo reconocí porque el último día de instituto le tiré un plato de ensalada encima.
-¡Madre mía, Ellen! ¡Tú eres la chica de la ensalada, entonces! -Exclamé tras haber escuchado su declaración, abriendo los ojos como platos. ¡Eso sí que no me lo esperaba!
-¡No estaba aliñada! -Trató de excusarse. Yo me reí. Menudo primer encuentro tuvieron esos dos... -Primera vez que voy a la cafetería en todo el curso... Y mira que acabó mal la experiencia... No pienso volver a ese lugar... -Murmuró. Charly nos miraba expectantes, con ganas de que siguiéramos contando la historia. Y así lo hizo mi compañera.
-El caso es que le dije a Amber que no lo había visto y se fue. Al no agradecerme la respuesta, hice un comentario y Aaron me contestó. Comenzamos a hablar y me pareció una persona interesante. ¿Sabéis la cantidad de prejuicios que tengo de la gente de ese tipo? Ese chico me demostró que estaba equivoca. ¡Nunca hay que juzgar un libro por su portada! -Dijo mientras señalaba la portada del libro que se estaba leyendo: viejo, desgastado (parecía haber sido leído mil veces); no tenía ni una imagen. Era simplemente una portada lisa, que en su momento fue de un vivo azul pero que había perdido el color con los años. Con letras plateadas, ponía "Moby Dick" (en grande) y, debajo (un poco más pequeño), el nombre de Herman Melville.
-Atenta eh, -le dije a mi prima – que incluso dejó de leer por él.
-Si eso no es amor, dime qué es. -Tras soltar eso por la boca, sentí que Ellen la lanzaba cuchillos con la mirada a Charly.
-¡¡No es amor!! ¡¡Charly, no seas tonta!! -Exclamó en respuesta.
-Bueno, bueno... -Contestó ella mientras cogía su taza de café. -¿Y qué pasó después?
-Él invitó a la chica que nunca había visto por los pasillos del instituto a dar un paseo por la enorme mansión y se perdieron entre las paredes de aquella casa. -Dije yo, ayudando a Ellen a dejar de contar la historia. Venga, vale, lo dije porque me emocioné.
-Uuuuuh... ¿Y dieron el paseo?
-Mmmm... Creo que yo ya me voy a ir -Anunció Ellen. -Acabo de recordar que tengo que hacer unos recados...
-Comprar chocolate no es un recado. -Dijo Charly como si todos esos años que no se habían visto no existieran y fuera evidente lo que su amiga iba a hacer. -Eso lo puedes hacer otro día, ahora quédate aquí sentada. -Añadió señalando el asiento del que se acababa de levantar.
-¿Y qué queréis que haga? Estáis aquí sentadas hablando de la vida de otra persona, ¡cuando esta persona está presente!
-Sí bueno, pero parece ser que esta mañana te has olvidado de contarme una parte muy importante, porque hoy has hablado con Aaron normalmente sin tratar de salir corriendo.
-Bueno... Ejemm... Quizás se me ha olvidado contarte una pequeña parte (casi sin importancia...).
-Eso significa que no te puedes mover de aquí. -Comentó Charly. - Luego nos lo vas a tener que contar.
Ellen no hizo ningún comentario. Removió la cuchara de su taza, ya terminada, y le pidió otro chocolate caliente a una camarera cercana. Hacía bien. Eso iba para largo.

Ellen Foster:
Aparté un poco la cuarta taza vacía y observé por la ventana. El exterior se encontraba bañado en lluvia. La gente caminaba deprisa: paraguas, abrigos, chubasqueros y botas de agua formaban el paisaje.
Me habría gustado en ese momento estar fuera de aquella cafetería, escuchando las gotas chocar con el suelo, formando esa música que tanto le gustaba a la mayor parte del mundo. Era curioso en realidad: una orquesta formada por un único instrumento podía producir sonidos tan distintos...
-¿No se está haciendo tarde? Deberíamos irnos antes de que empiece a llover más... -Intenté decir como excusa.
-No, mejor si esperamos a que pare de llover. ¿Ves allí a lo lejos...? -Me dijo Sarah señalando una parte lejana del cielo. -Se está aclarando. Bueno, ¿por dónde íbamos? -Continuó, volviendo al antiguo tema de conversación: MI VIDA.
-Ahhg... -Gruñí antes de rebuscar el marcapáginas entre las hojas de "Moby Dick". El libro que antes era más interesante que una clase de física y química, ahora lo era también de aquella conversación entre amigas.
Al cabo de un rato, la pantalla del móvil de Sarah se iluminó. Charly y yo la miramos con interés mientras cogía la llamada.
-¿Sí? ¿Qué pasa, mamá? ... Lo sé. Estoy con ella ahora mismo. ... Ya, a mí también me ha pillado por sorpresa, no te enrolles. ... ¿Qué os vais todos? ... Pero yo todavía estoy aquí, ¿por qué tengo que cuidar de Alice? ¿No es lo suficientemente mayor como para cuidar de sí misma? ... ¿Will y Charly también se van a quedar con nosotras? ¡Mamá! ¡Que Will tiene solo un año menos que nosotras, no va a pasar nada! ... ¡Además, está lloviendo mucho! ... ¡¿Cómo que eso no tiene nada que ver?! ... -Tras unos segundos, nos miró, apartándose el móvil de la oreja. -Me ha colgado. Ha dicho que tenemos que ir a cuidar de Alice a mi casa, porque nuestros padres se van a ir a cenar al centro de la ciudad. Al parecer, ninguno de ellos se fía de Will. Pero hay pizza en el congelador...
Observé a las dos, que se habían quedado sin ningún tipo de expresión. Sus ánimos habían caído en picado, como una barca en las cataratas del Niágara. Me temí lo peor: no quería verme involucrada en el usual plan maléfico de Sarah de dejarme cuidando a su hermana mientras ella se iba a dormir. Si Sarah lo había hecho alguna vez, veía a Charly capaz: esas dos primas piensan igual.
-Emm... Pues yo tenía que ir a comprar chocolate... Así que creo que voy a irme ya... -Dije mientras recogía mis cosas. Ellas seguían teniendo la mirada perdida. Me despedí (dejando el dinero de los chocolates calientes sobre la mesa) y salí por la puerta de la cafetería.
Me fijé en la hora: las siete y cuarto. Sonreí al saber que "La casa del Chocolate" aún no había cerrado. Y, mira por donde, ese día sí llevaba mi paraguas de color negro. Bueno, era el paraguas de mi padre. Lo había cogido porque era mucho más grande que el mío: perfecto para dos personas o para alguien que se niega a mojarse.
-I'm singing in the rain... -Canturreaba mientras caminaba hacia la tienda. Pronto, me encontré frente al escaparate que, sin poder evitarlo, hacía que me gruñeran las tripas. Cerré el paraguas y entré en la tienda, provocando el típico sonido de una campanita.
-Buenas tardes. -Dije con una sonrisa al ver los ojos de la mujer de siempre.
-¡Hola! -Me respondió antes de que me perdiera entre las estanterías de aquella tienda. -¿Ya se te han acabado las reservas del chocolate?
-Casi casi... Es mejor evitar que llegue el final... ¡Para eso estoy aquí! Dios mío, gracias por montar esta tienda. No sé qué sería de mí con la poca variedad de un supermercado... -Comenté mientras llenaba mis brazos de tabletas de chocolate de toda clase: blanco, con leche, negro, con sal, fresa, naranja, menta, caramelo, almendras... ¡Cómo podían existir tantos tipos y estar todos tan ricos!
Con la tarde que había pasado, aquello me animaba lo suficiente como para darme fuerzas a gastar lo que me diera la gana: un día era un día, ¿por qué no tirar la casa por la ventana? Con los brazos llenos, me acerqué al mostrador.
-Oh, vaya, ¿no vas a comprar ninguna tableta más? -Preguntó la mujer, a punto de echarse a reír. Supongo que era uno de sus pocos clientes que llegaba a la tienda para acabar con todo su inventario.
-Creo que hoy voy a necesitar una bolsa... -Indiqué mientras dejaba mi compra sobre la mesa.
-Me lo esperaba... -Respondió mientras sacaba una y me ayudaba a meter las cosas. -El total es de... -Saqué mi monedero y de este salió el único billete que había traído. Recibí las vueltas y cogí la bolsa, ahora llena.
-Gracias... Esto... ¿Cómo te llamas? -Le consulté con algo de timidez. Era extraño ver a alguien tan a menudo y no saber su nombre. Bueno, y lo que nos quedaba por vernos... Pensaba hacerme de esa tienda un cliente habitual, si es que no lo era ya.
-Marlyn, ¿y tú?
-Ellen.
-Pues encantada, Ellen. -Dijo mientras sonreía.
-Lo mismo digo, Marlyn. -Contesté con la misma expresión.
   Continuará...

Por muy extraño que suene, mi favorito es el chocolate con sal. ¡Está delicioso! 

En una ocasión que estaba con mis amigos, me compré una tableta y todos me miraron extraño al ver que era con sal. ¿A que no sabéis quién decidió compartir un poco? Les gustó bastante...

Yo, desde luego, no debí compartirlo. ¡Alguien que comparta su chocolate está demente! A pesar de que considero esa palabra como un adjetivo que me define, ¡he ganado algo con todo esto! ¡Compartirlo ha hecho que no me miren raro cuando compro chocolate con sal o incluso he conseguido que me regalen tabletas enteras!

Eso sí que son amigos, lo demás es tontería. 😁❤




jueves, 22 de agosto de 2019

Sabor a chocolate - Lista de personajes

LISTA DE PERSONAJES (HASTA EL MOMENTO)

Ellen Foster                             (La protagonista femenina).

Sarah Driver                            (La mejor amiga de Ellen).

Aaron Russel                           (El protagonista masculino).

Charlotte Barne                      (Prima de Sarah y amiga de Ellen).

Benjamin Teller                      (Amigo de Aaron y Cameron).

Cameron Parker                      (Amigo de Aaron y Benjamin).

Amber Owens                         (Anfitriona de la fiesta; algo irritante y falsa).

Alice Driver                            (La hermana pequeña de Sarah).

Rebecca Brown                       (Bibliotecaria y profesora de filosofía del instituto).

Anna Driver                            (Madre de Alice y Sarah).

Grace Smith                           (Enfermera del instituto).

William Barnes                       (El hermano pequeño de Charlotte).

Albert y Hans                         (Estudiantes de intercambio alemanes).

Marlyn Collins                        (Dependienta de la tienda del chocolate).



Sabor a chocolate: Cambio de nombres (ya realizado)

¡Hola, buenas! 

Si eres un nuevo lector, ¡bienvenido, gracias por leer esta historia! Puedes ignorar este aviso, que es de agosto del 2019.

Si eres un lector antiguo y te has hecho el lío con los nombres de los personajes: ¡bienvenido de vuelta, puedes leer este aviso! Verás, aunque es posible que ya te hayas dado cuenta, he cambiado los nombres de los personajes de esta historia. 

Algunas personas (como mi querida hermana), han insistido en que debería hacerlo y, al final, me ha parecido buena idea. Al fin y al cabo, creo que los nombres ingleses son más... conocidos mundialmente y son más fáciles de recordar y reconocer.

Para que no te líes y decidas abandonar esta historia (aunque también es posible que de todas formas lo hagas :'c), he preparado una lista con los nombres de todos (pero todos, todos) los personajes para que, en el futuro, no te resulte un lío averiguar quién es quién.

Si pierdo lectores después de cometer esta locura, solo quiero decir que siento mucho este lío. La verdad es que solo quiero estar conforme con lo que escribo e incluso a mí me va a facilitar las cosas este cambio.




LISTA DE PERSONAJES (HASTA EL MOMENTO)

Natsuki: Ellen Foster                         (La protagonista femenina).

Miyu: Sarah Driver                             (La mejor amiga de Ellen).

Yûki: Aaron Russel                            (El protagonista masculino).

Hikari: Charlotte Barne                     (Prima de Sarah y amiga de Ellen).

Sasuke: Benjamin Teller                    (Amigo de Aaron y Cameron).

Ren: Cameron Parker                        (Amigo de Aaron y Benjamin).

Kaori: Amber Owens                         (Anfitriona de la fiesta; algo irritante y falsa).

Umi: Alice Driver                              (La hermana pequeña de Sarah).

Aiko: Rebecca Brown                        (Bibliotecaria y profesora de filosofía del instituto).

Hana: Anna Driver                            (Madre de Alice y Sarah).

Aoi: Grace Smith                               (Enfermera del instituto).

Shizen: William Barnes                     (El hermano pequeño de Charlotte).

Bueno, y luego están Albert y Hans (los estudiantes de intercambio alemanes que aparecen en el tercer capítulo), que siguen siendo Albert y Hans.

También está Marlyn, la dependienta de la tienda del chocolate. Su nombre no llegó a aparecer en las versiones anteriores.



Siento las molestias... 😔


sábado, 17 de agosto de 2019

Sabor a chocolate - Capítulo 13



Capítulo 13
Libros clásicos

Ellen Foster:
Sí, mi intuición era correcta. Se puso a llover. Creo que pasé mucho, pero mucho, rato distraída, mirando por la ventana. Estaba en uno de esos momentos en los que lo olvidas todo y te centras en lo que tienes a tu alrededor. Pero no tardaron en volver a mi mente todo lo que me estaba ocurriendo recientemente.
Me centré en la clase por un momento. Repasábamos algo sobre la Ley de Newton, ley de la que ya había leído lo suficiente como para dejar de prestar atención en clase y volver a la lectura.
Estaba leyendo Moby Dick. Sí, era un libro aburrido. Pero me motivaba un hecho a seguir con la lectura: era más interesante que esa clase de física. Además, podía leer muchos libros, pero ¿por qué no los clásicos? Al fin y al cabo, si se llamaban “clásicos” era por algo. Un libro malo se habría perdido hacía años. Y, además, estaba dispuesta a crearme una opinión propia de esa historia.
Pasó un tiempo. Ignoro cuánto. El caso es que ese día fue distinto (cómo no, ¿por qué iba a narrarlo si no?). Algo lo cambió todo: una persona estaba parada frente a mi pupitre, mirándome con curiosidad mientras esperaba a que retirara mi vista de las letras del libro y me centrara en ella.
Miré al frente y, cuando vi que la mayor parte de los estudiantes no se encontraban en sus asientos, intuí que había sonado el timbre. Claro, que lo primero que me llamó la atención fueron los ojos de Charly.
-¡Ellen! -Me sonrió al verme y me dio otro abrazo. Fue acogedor, pero asfixiante. Pronto se apartó. -Dios, al parecer sigues perdiéndote en tu mundo fácilmente. Llevo aquí como cinco minutos sin que te des cuenta.
-¡Charly...! ¡Hoy podría haberme ocurrido cualquier cosa, pero no imaginé que volvería a verte! ¡¿Cómo que has vuelto a la ciudad?! ¡Hace años que no nos vemos!
-Bueno, mi familia se ha mudado por el trabajo de mi padre y como estábamos cerca del instituto de Sarah... ¡Aquí estoy!
-¡Qué bien! – Sentí que alguien me había dibujado una sonrisa en el rostro y fuera incapaz de borrarla. - ¿Sarah sabía que ibais a venir?
-No, era una sorpresa. La he visto esta mañana.
-¿Ya has visto todo el instituto? -Le pregunté. Si era nueva, al menos le gustaría conocerlo, ¿no?
-No del todo. Solo lo esencial. -Me contestó.
-Bueno, ¿te apetece ver algo más? -Cerré mi libro y lo dejé sobre mi mesa. Ella asintió en respuesta.
-¡A Sarah! -Exclamó.
-¿Pero no la has visto antes...? -Antes de dejarme terminar la frase, me vi siendo agarrada de la muñeca mientras tiraba de mí por el pasillo. No había cambiado nada en todos estos años.
En seguida, nos encontrábamos en la puerta de la clase del A (después de todo, estaba en la otra punta del pasillo, tampoco había que pasearse por todo el instituto...).
Charly entró emocionada y buscó a su prima con la mirada. Mucha gente se la quedó mirando, preguntándose quién era y, luego, algunas de sus miradas iban hacia mí, que me dediqué a mirar hacia abajo evitando cualquier tipo de contacto visual.
Exactamente... Mis zapatillas eran preciosas. Eran perfectas para poder observarlas en momentos tan incómodos como esos.
-Perdonad, ¿sabéis si está Sarah? - Les preguntó Charly a unos chicos que estaban sentados cerca de la entrada.
-¿Sarah? Ni idea. -Respondió uno de ellos. -¿Vosotros sabéis algo?
-Ah, creo que se ha ido al consejo con Aaron y Benjamin. -Sí, bien, perfecto. Aaron. Maravilloso. Podía ser cualquiera, pero ha tenido que ser él.
-¿Consejo? -Dudó Sarah.
-A la sala del consejo estudiantil. -Respondí. Ella me miró y me sonrió, aún un tanto dudosa. -Sí, a Sarah le gustan esos líos extraños... -En ese momento, odié la existencia del puesto de delegado que le había tocado desempeñar a mi mejor amiga.
-¡Wow! Mi prima es increíble... ¡Vamos para allá, Ellen!
Y, por supuesto, no esperó mi respuesta y, de nuevo, me vi siendo arrastrada hacia la sala del consejo estudiantil.
-Por Dios, Charly, ¿no decías que no conocías el instituto? ¡Pensé que solo habías visto lo esencial!
No recibí respuesta. Al final, me quedé plantada frente a la sala del consejo estudiantil. Sin poder decir nada, Charly llamó a la puerta y, tras escuchar un "adelante", la abrió.
Había mucha gente charlando, pero no lo suficientemente alto como para molestar a los demás. Mi vieja amiga se adentró en la sala sonriente y yo me oculté fuera.
-¡Charly! ¿Qué haces aquí? -Preguntó Sarah en cuanto la vio.
Eché un pequeño vistazo al interior de la sala, donde pude ver a nuestro profesor de literatura, que le preguntaba a un chico del curso por unos asuntos del viaje escolar.
Más o menos en el centro de la sala había unos chicos de un curso superior, hablando con otros dos profesores que no había visto nunca.
Sarah estaba sentada en uno de los escritorios más cercanos a la ventana, junto a un chico rubio (que supuse que sería el tal Benjamin), Aaron y un millón de papeles esparcidos por la mesa.
-¿Quién es, Sarah? -Preguntó Benjamin refiriéndose a la chica de pelo castaño, que sonreía tras haber encontrado a su prima.
-Es mi prima, Charly. -Aclaró ella, con su misma expresión. -Se ha mudado hace poco. Charly, estos son Aaron y Benjamin. Van a mi clase.
-Hola... -Dijo Aaron concentrado, sin dejar de leer unos papeles de la mesa.
-Encantado. -Añadió rápidamente Benjamin, el cual la miró a los ojos, dando a entender que no estaba tan ocupado como el anterior.
-¿Cómo sabías que estaba aquí?
-Ellen y yo hemos ido primero a tu clase a preguntar, luego hemos venido aquí. -Respondió Charly, mirando hacia atrás, donde no me encontró. -¡Ellen! ¿Qué haces?
Oh, por Dios, ¿voy a tener que poner un pie en la sala?
Aaron elevó la mirada de los folios, sorprendido, y yo suspiré y me adentré en la sala, intentando ocultar las vendas del brazo con la manga de mi camiseta.
-¡Hola Ellen! -Me dijo Sarah a medida que me acercaba. Estaba un tanto sorprendida, pero no tanto como yo pensé que estaría. Mi visita era algo extremadamente inesperado. Quizá incluso sobrenatural. Pero, al final, cambió de tema. -¡Dios santo! ¡Yo tampoco sabía que Charly se iba a mudar! ¿Sorprendida?
-No te lo puedes ni imaginar. -Contesté.
-Hacía tiempo que no estábamos juntas las tres, ¿eh? -Añadió Charly sonriente.
Yo imité su expresión.
Aaron y Benjamin nos observaban intentando encontrar un momento para, probablemente, entrar en la conversación.
-Nunca habías venido a verme al consejo, estoy tan feliz... -Me dijo al rato Sarah, fingiendo secarse una lágrima. Yo reí por su gesto.
-Tienes razón. Pienso que la biblioteca es un lugar más interesante que visitar... -Respondí.
-¿Este instituto tiene biblioteca? El del pueblo sólo tenía una sala de ordenadores viejos que casi no funcionaban. -Dijo Charly.
-¿La abuela ha venido con vosotros? -Le preguntó Sarah a Charly, a lo que empezaron a hablar de familia, un tema del que no estaba muy interesada o, siquiera, enterada.
Cuando Aaron vio que yo había comenzado a ignorar el tema de la conversación (a la cual no podía aportar nada), tuvo la oportunidad de hablarme.
-¿Qué tal están los cortes? -Me preguntó señalando sus propios brazos. Yo suspiré.
-No están mal. -Me descubrí un poco la manga y pudieron verse las vendas que cubrían los pequeños cortes. -Ya no me duelen. -Añadí tapándolos de nuevo. El chico suspiró aliviado, lo que hizo que Benjamin tuviera algo que decir.
-¡Ahí va! ¡Pero si eres la chica de ayer! -Exclamó. Eso me hizo recordar que, después de que Cameron llegase al pasillo de la ventana rota, apareció el chico rubio que tenía delante en ese mismo instante. -Ellen, ¿verdad? Estos futbolistas no tienen ningún tipo de cuidado, ¿eh?
-Uf, habla por ti. -Farfulló Aaron. -Si no fuera porque eres el presidente del consejo estudiantil, serías otro “futbolista descuidado” más. Pero de todas formas – dijo, cambiando de tema y comenzando a dirigirse a mí directamente - al club de fútbol se le están acabando los fondos de tanto romper cristales, así que a partir de ahora han decidido tener mucho más cuidado. -Añadió Aaron. Me reí.
-¿Sólo por los fondos? -Pregunté entre risas.
-Eso parece ser lo único que anima a esos idiotas a no cometer estupideces... -Respondió.
Me percaté de que Sarah me miraba de reojo con una sonrisa pícara mientras seguía hablando con Charly. Suspiré.
-Bueno... ¿Sarah y tú os conocéis? -Preguntó Aaron con una expresión que no pude leer. Parecía extrañado. Estaba a punto de contestar, cuando Sarah se adelantó.
-Por supueeeesto, somos amigas de toooooda la vida. -Puso un tono extraño, forzado, como si estuviera exagerando el asunto intentando hacerle entender a Aaron que yo era la chica de la fiesta. O eso me pareció. Quizá estaba siendo paranoica o egocéntrica. -Si no la habíais conocido antes -añadió -, es porque a ella no le da la gana relacionarse con nadie.
-Bueno, esto... yo... tengo que ir a la biblioteca... -Al haber puesto esa excusa, me dirigí al exterior de la sala.
-Pero si el recreo está a punto de acabar... -Dijo Charly, antes de que yo cruzara el marco de la puerta y la cerrara a mí paso.

Charlotte Barnes:
Madre del amor hermoso, pero ¿cómo podía haber tantos dioses en un instituto? ¡En mi pueblo los chicos guapos se limitaban a ser uno y medio!
El chico que estaba más ocupado miró hacia la puerta (por donde Ellen acababa de desaparecer) y volvió a sus asuntos.
Su pelo castaño, sus ojos marrones, la forma de su cara, sus labios... ¡Incluso su nariz era bonita! En cambio, el otro era rubio y con ojos claros, ¡Incluso parecía un extranjero! Le pegaría llamarse Apolo... Un nombre digno de un dios como él. O quizá Adonis o Narciso, personajes hermosos, por cierto…
-Ellen sigue igual de tímida, ¿eh? -Comenté mirando a Sarah.
-Síp. Al menos se ha vuelto algo más expresiva. -Respondió Sarah riendo.
-Tienes razón, antes era como una especie de estatua... - Comenté. Busqué las palabras para preguntar sobre temas en los que, probablemente, no debía meter las narices. -¿Cómo...? ¿Cómo está por lo de su madre? -Charly me miró y suspiró.
-La verdad es que no tengo ni idea... No habla mucho al respecto... -Respondió ella. -La última vez que pronunció la palabra "madre", lo hizo para ponerse un vestido que le perteneció a ella, para la fiesta de Navidad que dio una chica del instituto.
-¡Una fiesta! ¡Yo también quiero ir a alguna! ¿Hay fiestas a menudo? -Sarah miró al tal Aaron, que tenía una expresión que no supe leer. Al final, negó la cabeza.
-De todas formas, esa es la primera fiesta a la que ella ha ido en su vida...
El sonido del timbre dio punto y final a nuestra conversación.
-¡¡¡No!!! ¡No he terminado, y lo tengo que entregar esta tarde! -Gritó el chico de pelo castaño volviendo su atención a sus papeles.
-Eso te pasa por no haberlo hecho anoche. -Respondió el otro.
-¡Ya te dije que estaba ocupado con la tienda! Podrías haberme dejado el tuyo y no habría pasado nada...
-Puede, pero me gusta ver como sufres. -Dijo con una sonrisa maliciosa el chico que se llamaba... Benjamin, ¿no? Ese nombre era bastante pobre en comparación a los que yo le había puesto. Apolo fue el que puso esa sonrisa maliciosa, no "Benjamin"...
-Me voy yendo a clase. -Le dijo Sarah a sus compañeros.
-Adiós. -Me despedí de ellos y seguí a mi prima por los pasillos.
-El de pelo castaño se llamaba Aaron, ¿no? -Le pregunté mientras nos alejábamos de la sala.
-Sí.
-Parece un chico interesante... ¿Le gusta Ellen? ¿O viceversa?
-Jajajaj. No tengo ni idea… A ver, Ellen… es Ellen. Tiene menos idea que yo. Y, bueno, a él le gusta el lado "Cenicienta" de Ellen, eso sí. -Miré a Sarah extrañada.
-¿Cenicienta? -Pregunté. -¿No es esa la de los zapatos de cristal?
-Sí, solo que Ellen no dejó atrás nada. Ni un zapato... -Respondió ella. -Aunque si lo hubiera hecho, la habría encontrado fácilmente. ¡Tiene el mismo tamaño de pies que Alice! Por dios... -Murmuró. Yo me reí. -¡Bueno! El caso es que es una laaaarga historia… De hecho, al parecer le ha ocurrido algo que me tiene que contar. Esta mañana me dejó a medias.
-Uh, me gustan las historias. Y, ¡mira qué casualidad!, tengo tiempo después de la escuela.
-¡Yo también! Impresionante...
Nos miramos por un momento y ya sabíamos exactamente qué íbamos a hacer.
-Hay una cafetería que tiene muy buena pinta cerca de mi casa. -Dije mirando a Sarah.
-Buena idea. Recuerda decirle a Ellen de tomar chocolate caliente en vez de café, ya sabes que “chocolate” siempre ha sido la palabra clave.
-Ok. Nos vemos luego. Espéranos cuando salgas. Si funciona, te mando un mensaje. -Le dije mientras Sarah se metía en su clase y yo me dirigía a la mía.

Aquella iba a ser una tarde interesante.
   Continuará...

¡MUAJAJAJA!
La hora de relatar historias está a punto de llegar...
Pero hasta entonces, voy a explicar otro de los libros que he nombrado... Si es que cuando un personaje lee hay que darle profundidad, y lo que está leyendo es importante: si alguien se quiere reír, uno lee comedia; si alguien quiere enamorarse, uno lee romance; si alguien quiere sentir miedo, uno lee terror.
¡TODO ES FÍSICA! Vale, ya me callo.

*Moby Dick
(de Herman Melville) cuenta la historia de un capitán de barco, cuyo objetivo es vengar su pierna y todos los estragos causados por Moby Dick, un gran cachalote blanco.


Sí, "cachalote", no "chocolate".