lunes, 2 de septiembre de 2019

Sabor a chocolate - Capítulo 15



Capítulo 15
Casualidad o destino

Ellen Foster:

Cerré el libro y me quedé embobada, pensando en lo que acababa de ocurrir. ¿A qué tipo de autor se le ocurría terminar un libro de esa forma? Suspiré y me levanté del sofá de mi casa, que en ese momento no estaba tan silenciosa como de costumbre. Mi padre hoy había salido temprano de trabajar, solo que aún tenía que atender unas llamadas. Yo, en cambio, me había pasado toda la tarde leyendo sin darme cuenta del pasar de las horas, los minutos, los segundos... Casi iba siendo la hora de que cenáramos.

Pero en vez de ponerme a cocinar, me dirigía a una de las estanterías de mi padre. En esa casa teníamos una pequeña televisión: no era muy vieja, pero era pequeña. Era perfecta, pues solo la usábamos para ponernos los CD's que teníamos guardados en los cajones que había en uno de los estantes.

Ese salón no tenía ni una sola fotografía. Había cuadros: paisajes, un retrato de mis abuelos y un jarrón de girasoles (la copia del cuadro de Van Gogh). Pero una cosa que sí tenía en abundancia eran estanterías llenas de libros. No había una sola habitación en toda la casa que no tuviera estanterías con libros. Quiero decir, ¡había libros hasta en el baño!

Guardé Moby Dick en una de las bibliotecas, devolviéndolo así a su lugar, junto al resto de los libros de color azul. A mis padres les encantaba leer y fue mi madre la que decidió ordenar los libros por colores. Ese tipo de cosas le encantaban a mi madre.

Recorrí el resto de las estanterías hasta llegar al color marrón. Había un libro que estaba como nuevo: aún envuelto en un plástico que indicaba que nadie lo había leído. Lo saqué y observé el título: Jane Eyre, de Charlotte Brontë. Dudé en si cogerlo o devolverlo a su lugar. Al final, fue irresistible: me gustaba mucho cómo olían los libros nuevos, además de esa sensación de ser la primera persona que pasaba sus páginas.

Lo dejé en la mesilla baja que había frente al sofá y me dirigí a la cocina, donde comencé a preparar nuestra futura cena: una deliciosa ensalada. Pero me sorprendí al ver la falta de algo en los armarios de la cocina: no había comprado chocolate caliente. Esa tarde me había empachado a él en la cafetería, pero nunca me cansaba de ese sabor. Nunca, nunca, nunca. Y era necesario para mis reservas. Suspiré al saber que al día siguiente tendría que volver a ir a la tienda: era algo que en verdad no me importaba, pero era decepcionante saber que lo iba a hacer por un despiste.

Bostecé. Algo que tenía seguro era que ese día no me iba a acostar tarde. No podía hacer caso a la tentación de comenzar a leerme el libro. Si me lo leía, a la mañana siguiente me manifestaría como un muerto viviente. Y mis ganas de parecer un personaje de The Walking Dead eran nulas.


Cameron Parker:

Acabábamos de salir del entrenamientos de fútbol. Estaba bastante cansado: después de todas las vacaciones sin jugar, no estaba acostumbrado del todo a los entrenamientos usuales. Pero lo extraño de esa situación en ese exacto momento era el chico que me miraba impaciente, intentando sonsacarme respuestas.

-Aaron, ya te he dicho mil veces que no te voy a decir nada. Y Ben tampoco. -A este último se lo había contado hacer unos cuantos días. Era aburrido si me divertía yo solo de la situación en la que se había metido este. -Si Sarah me lo ha pedido...

-¡Ya, ya lo sé! ¡Pero si se lo has contado a Ben, ¿por qué no a mí?! ¡Es que son demasiadas coincidencias! ¡Ya es extraño! Pelo negro, ojos verdes y unas tremendas ganas de ir a la biblioteca. ¿Protagonista de un rumor reciente? Lo es, desde luego. ¿Del mismo curso? También. ¿Amiga de Sarah? Ya lo ha confirmado ella misma. Y, encima, lo ha dicho con un tono que insinuaba algo, estoy seguro de ello. ¡Dijo que Ellen fue a la fiesta! ¿Le gustará leer? ¿El chocolate? -Suspiré. Cuando ese chico se pone a hablar demasiado, no hay quien lo calle. -En nuestro primer encuentro en la cafetería, me pareció que su cabeza no estaba llena de aire, así que si Ellen Foster es la chica que estoy buscando, no sé cómo reaccionaré...

-¿Te decepcionarías? -Pregunté con un poco de duda. Él se rió sarcásticamente.

-Ja, ¿decepcionarme? ¡Lo decepcionante es seguir teniendo la duda de quién es! ¡Por Dios, solo quiero encontrarla! Sea borde, una mala persona o aunque no quiera saber nada de mí después de lo de la fiesta. -Aún no teníamos ni idea de qué había pasado en la fiesta. Pensábamos que le había dicho algo ofensivo. Él a veces no mide bien sus palabras, por lo que no me extrañaría.

-Si estás tan seguro de que es ella... ¿Por qué no le preguntas? -Dije mientras le daba palmaditas en la espalda. El chico suspiró. Era un poco más alto que yo, solo que a veces parecía mi hermano pequeño. Bueno, y viceversa. Solíamos turnarnos la inmadurez.

-Lo cierto es que no pensé que la encontraría tan fácilmente. Si es ella, digo.

-Agradéceselo a la prima de Sarah. Al parecer, fue la que trajo a Ellen a rastras.

-¡Hey chicos! -Ben acababa de aparecer. -Os estaba esperando. ¿De qué habláis?

-De la prima de Sarah. -Respondió rápidamente mi amigo.

-Ah, esa chica de pueblo.

-Es guapa, ¿verdad? -Dijo Ben, lo que ayudó a que tanto Aaron como yo pusieramos los ojos en blanco.

-Si tiene la misma genética que Sarah, lo será...

-A ver, serlo, lo es. -Repitió Ben. -Como casi todas las chicas. Si os fijáis en cambio en los chicos, la fealdad es más abundante. Una mujer, en cambio, siempre tiene algo bonito. Desde sus labios hasta su nariz o sus ojos. Pero luego podéis ver a alguien como Cameron y pensar: "¿de dónde ha salido este orco de Mordor?". -Suspiré hondo un par de veces.

-Narciso, algún día vas a caerte al lago y te vas a morir por no saber nadar. -Dije mirando por dónde caminaba. Mientras tanto, Aaron se descojonaba.

-Jajajajajaj, por Dios... No puedo... Jajajajajaja... -De alguna forma, Ben y yo también nos comenzamos a reír. La risa de Aaron era casi tan contagiosa como la de Sarah... ¿Por qué no podía dejar de pensar en ella? ¡Incluso me parecía verla por todas partes! ¡Pero literalmente, en aquel momento me parecía estar viéndola!

-Hey, ¿esa no es Sarah? -Preguntó Ben.

-Eso me lo estaba pareciendo. -Dijo Aaron.

Sus afirmaciones me aliviaron un poco. Al menos sabía que no me estaba volviendo loco. Pero mi nerviosismo volvió cuando Aaron gritó su nombre. Un total de cuatro personas se giraron a vernos: ella, una chica morena con el pelo bastante largo, una niña pequeña que parecía una copia exacta de Sarah y... ¿quién era ese tipo? Su pelo era oscuro y lo tenía tan peinado que me recordó a Ben. Bastante superficial, parecía, además de mujeriego. No me cayó bien a simple vista. Por supuesto, esa primera impresión no estuvo marcada por el hecho de que fuera guapo y estuviera con Sarah. Por. Supuesto.

-¡Anda! ¡Hola! -Dijo ella con una sonrisa en cuanto nos vio. -¿Qué hacéis aquí?

-Nosotros acabamos de salir de la práctica. -Dije señalándonos a Aaron y a mí. -Y este... La verdad es que no tengo ni idea de por qué ha salido tan tarde del instituto.

-Wow, no sabía que terminabais tan tarde la práctica. -Añadió.

-¿Este es Cameron? -Preguntó la chica morena. Parecía conocer a Aaron y a Ben. Sarah asintió y la otra chica sonrió. No sé qué tipo de sonrisa fue, pero me dio un pequeño escalofrío. -Me alegro de conocerte. He oído hablar mucho de ti... -Mmm... Tampoco sé cómo debería tener eso en cuenta. -Yo soy Charlotte, pero me puedes llamar Charly. Lo mismo os digo a vosotros. -Añadió dirigiéndose a mis amigos.

-Hola. -Respondí un tanto nervioso. Al fin y al cabo, había otras dos personas mirándome. Más bien, examinándome. La niña pequeña debía de ser la hermana de Sarah, si no me equivocaba. Por lo que debía llamarse... -¿Tú eres Alice? -Le pregunté. Ella sonrió y me sentí un tanto aliviado. 

-Así es. ¿Cómo sabes mi nombre?

-Sarah lo ha dicho alguna vez. -Respondí elevando los hombros con indiferencia.

-Mmm... Me caes bien. -Dijo. Yo le sonreí al saberlo. "Es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad" el hecho de caerle bien a la hermana pequeña de la chica que te gusta. -Él en cambio es un idiota. -Dijo señalando al chico de pelo negro, que parecía seguir examinándome. Cuando su mirada cruzó con la mía, sonrió.

-¡Ella no sabe lo que dice! Soy un amor de persona, que os lo diga Charly... -Eso solo hizo que esta última volteara los ojos. -Bueno, pues que os lo diga Sarah. -Ella negó con la cabeza.

-Él es Will, mi hermano. -Dijo Charly. Yo seguí mirándolo un poco mal. Tenía más o menos nuestra edad. Parecía un tanto egocéntrico. Pero podría ser encantador, inteligente, interesante... Quizá Sarah podría acabar con alguien como él... ¿Estarían saliendo? Si era así, ¿desde cuándo? ¿Antes o después de la fiesta? ¿Por qué ella no lo había dicho antes? Madre mía, ¿de verdad todo eso iba a terminar ahí?

-Hey, ¿te ocurre algo, Cameron? -Preguntó Sarah. ¿Me estaba poniendo pálido o algo parecido? Me veía capaz, pero bueno.

-Estoy bien, tranquila. -Respondí tratando de mirarle a los ojos con una sonrisa. Ella retiró la mirada. Oh, Dios, ayúdame, dime que no me odia.

-Alice, Will -dijo - ellos son Benjamin y Aaron. Y ya habéis oído el nombre de Cameron. Alice es mi hermana pequeña y Will y Charly son hermanos. Entre nosotros, somos primos.

-¿Qué? -Dije, sorprendido. En ese momento, la palabra "primos" me gustaba más que cualquier otra en todo el diccionario. Todos se me quedaron mirando ante mi reacción y traté de recuperar mi compostura. Misión imposible: no podía evitar sonreír.

-Bueeeeeno... ¿y vosotros que hacéis por aquí? -Preguntó Ben al comprender la causa de mi felicidad. Ese tío a veces me salvaba de las peores situaciones.

-Resulta que nuestros padres han decidido irse a cenar a la ciudad y, supuestamente, nos habían dejado pizza en el congelador. Pero al final ha resultado que lo que nos habían dejado no era pizza, sino dinero para ir a cenar por ahí. -Dijo Charly mientras jugueteaba con dos de las pulseras que tenía en la muñeca derecha. Entonces, esa era la prima de Sarah, ¿eh? No era tan guapa como ella, pero sí que era guapa, como bien había dicho Ben hacía tan solo un rato. Sería cuestión de genética.

-Mejor que nos hayan dejado salir de casa. -Comentó Alice. -Me gusta más comer fuera.

-No es para nada mejor. Yo prefiero estar en casa calentito. Por lo menos con este frío. -Dijo Sarah. Eso me lo apunto mentalmente. Es una valiosa e importante información.

-Estoy de acuerdo. -Dijo Aaron. -Y mejor si es con...

-Déjame adivinar. -Dijo Charly. -¿Con un chocolate caliente? -Aaron la miró y asintió, lo que hizo que Charly y Sarah comenzaran a reírse. Supe exactamente en lo que estaban pensando: a Ellen le encanta el chocolate, ¿no es así? Al principio pensaba que Aaron y Ellen no hacían buena pareja, por lo que acepté que lo de "los opuestos se atraen" tenía lugar en esa posible relación... Pero poco a poco comenzaba a entender qué tenían en común esos dos, y podía decir que no eran tan opuestos como pensaba en un principio. Aaron no parecía comprender nada de lo que ocurría, al final, suspiró.

-Bueno, creo que va siendo hora de que vuelva a casa. Mi madre estará preocupada. ¡Hasta mañana!-Dijo Yûki mientras se alejaba en dirección hacia el camino más corto.

-Yo igual. Adiós... -Respondió Ben.

-Pues nada... Nos vemos mañana. -Dije sin saber bien si referirme a las dos primas o a los tres. El caso es que, tras escuchar las despedidas por su parte, seguí a mis amigos por donde se habían ido.


-¡Ah! Siento como si me hubiera encontrado con un ángel de camino a casa... -Ellos pusieron los ojos en blanco.

-El amor te vuelve estúpido. -Dijo Ben. -Estoy seguro que es la causa de tu locura. ¡Fue en el primer momento en el que viste a Sarah cuando nació la razón por la que no me pienso enamorar en la vida! ¡Deberíais seguir mi ejemplo! -Añadió entre risas.

-Ben, el amor te vuelve estúpido, pero también feliz. -Respondí todavía con la tonta sonrisa que se me había quedado al ver a Sarah.

-Madre mía. Yo sí que parezco el único cuerdo en esta relación. -Dijo Aaron. Entonces, señaló a Ben. -Tú eres excesivamente racional y tú -esta vez me señaló a mí. -completamente romántico. Uno regalando rosas y otro pensando en las locuras que está cometiendo.

¡Si yo era el que regalaba rosas, me parecía perfecto! ¡Uno vive más feliz cuando no lo piensa todo! Yo, por lo menos, era así mucho más feliz. Y pensaba seguir estando así. Además, ¿quién puede elegir si enamorarse o no? Porque estaba seguro de una cosa: Ben algún día se enamoraría. Fuera de quien fuera, estaba seguro de que lo haría.
   Continuará...

¿Tú dirías que eres más racional o romántico? Yo me considero una romántica empedernida... ¿Qué se le va a hacer? Por lo demás, traigo unas cuantas explicaciones:

*Jane Eyre, de Charlotte Brontë, es un libro que cuenta la historia de una huérfana. Después de pasar su infancia en un orfanato, es capaz de iniciar su trabajo como institutriz en Thornfield Hall. Bueno, y ocurrió mucho más, pero tampoco voy a venir aquí revelando el final de los libros. Aunque sería divertido. ¡Romeo y Julieta se murieron! Ay, qué bien sienta... Aunque ahora me siento triste.

*The Walking Dead una serie post-apocalíptica de muertos vivientes. Yo antes de verla no estaba nada interesada en el tema. Fue por la insistencia de mi hermano que me vi la serie completa. ME ENCANTÓ.

*"Es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad" es lo que dijo Neil Armstrong antes de convertirse en el primer astronauta en pisar la Luna. Me gusta la frase porque se puede usar en una gran cantidad de situaciones. Aunque claro, después, los que te han escuchado decirla te miran raro.

P.D: La chica de la imagen es, supuestamente, Charly.